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Lunes , 20.05.2019 / 05:29 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

"Pequeños gigantes 2019"

Álvaro Cueva

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Tengo una muy mala relación con Pequeños gigantes, cuya nueva temporada se estrenó el domingo pasado a las 20:30 por Las Estrellas. Y no, no es por un asunto de televisoras, de amargura o de rencores personales. Soy poco menos que el enemigo público número uno de esta emisión porque como hombre del siglo XXI, mexicano y padre de familia se me hace enfermo utilizar a nuestros hijos como fenómenos de circo para que le muevan las nalgas a los adultos.

Y no, no estoy exagerando ni estoy siendo grosero. Usted lo vio la noche del 24 de marzo cuando Galilea Montijo, la conductora de esta aberración, no solo celebró a una chiquita que estaba bailando reguetón, se puso a hacer lo mismo a su lado como si se tratara de una gracia. Esa imagen, en cualquier país civilizado, hubiera sido como para una multa, como para que los anunciantes salieran despavoridos, como para que hubiera habido protestas sociales. Por andar haciendo eso, por andar hablando de chichis y por andar enseñándole a nuestros niños a acosar sexualmente a las mujeres a través de piropos, entre muchas monstruosidades más, no puedo con este concepto. Perdón. Aquí matamos a las mujeres. Aquí tenemos muchas broncas con la trata de personas. Aquí estamos muy mal en cuanto a pederastia y abuso infantil. ¿Y qué hace la televisión? Educa a nuestros menores de edad para que se expongan, los prepara para que pierdan la dignidad, los corrompe.

No, pero espérese, a nosotros los adultos nos va peor. Pequeños perversos nos invita a perder la capacidad de asombro, a considerar como chistoso algo que es grotesco, a asumir que un niño es un objeto de consumo. ¿Cómo quiere que se lo diga para que entienda que esto no es un programa infantil? Aquí se cantan cosas inapropiadas, se baila de manera incorrecta y se exhibe a los niños a través de dinámicas que parecen muy cómicas, como la del detector de mentiras, pero que en realidad son ejercicios de tortura psicológica donde los chiquitos acaban denunciando a sus padres por léperos, holgazanes y borrachos.

Me da mucha pena tanto por Galilea, que es una gran estrella, como por mucha gente que quiero y admiro como Verónica Castro, Miguel Bosé, Ariel Miramontes (Albertano) y Karol Sevilla, pero estamos en un momento muy delicado de la historia de la comunicación. Si no me cree, ponga las dos partes del documental Leaving Neverland en HBO Go y horrorícese.

¿Por qué cree usted que el fantasma de Michael Jackson está dando tanto de qué hablar justo ahora? ¿Por qué cree que la mismísima Barbra Streisand acaba de ofrecer disculpas públicamente? Porque hoy lo que más se está peleando en los espectáculos del mundo entero es el respeto, porque los niños son sagrados.

¿Y qué hacemos los mexicanos? Vulneramos la estabilidad emocional de un pequeño de seis años obligándolo a decir en televisión abierta privada nacional frases como: “soy muy joven y no sé mucho del amor”. Queridos amigos de Pequeños gigantes: qué bueno que tienen una producción tan cara, tan exitosa y que este año se están metiendo con la promoción del deporte, pero por favor dense cuenta de lo que están haciendo y recapaciten, corrijan. Están a tiempo. Tienen todo para conseguirlo. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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