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Domingo , 21.04.2019 / 17:09 Hoy

De neblinas y Don Goyo

José Vasconcelos: “Enamorador-Enamorando” (II)

Víctor Bacre Parra

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En la existencia polifacética de José Vasconcelos de, filósofo, educador y, como ya les compartí aquí: enamorador-enamorando… Dos mujeres, junto a sus dos esposas-y otras mujeres-destacan por su presencia-existencia con el oaxaqueño ex rector de la UNAM y primer secretario de Educación Pública de México: Consuelo Suncín de Saint-Exupéry, y María Antonieta Rivas Mercado.

Consuelo Suncín Sandoval-Zeceña, poeta salvadoreña, casó con el autor de “El Principito”. Antoine también tuvo amorío con otras mujeres. Su familia nunca aceptó la relación matrimonial con la Suncín y la rechazó en vida y después de su fallecimiento. Ella, era el alma de fiestas y reuniones parisinas y de esa manera re contacto con Vasconcelos a quien había conocido en la SEP en México. Y tuvieron un gran romance ya en Francia (Escribió Saint-Exupéry sobre su”Rosa”:

“Escríbeme, escríbeme, -dijo una semana antes de morir, derribado su avión por los nazis-, que el correo traiga la primavera a mi corazón...estás en mí como la vegetación sobre la tierra” (Manlio Argueta, escritor).

María Antonieta Rivas Mercado, conoció a Vasconcelos en Toluca el 9 de marzo de 1929. El enamoramiento fue al instante entre los dos: Musa y Bardo. Ella se unió a su campaña política por la presidencia de México.

Siguió a José Vasconcelos a Europa y, también en París, le buscó y al sentirse rechazada por Él-y seguramente por otros motivos-tomo el arma del educador se dirigió a la Catedral de Notre Dame y, frente a Jesús Crucificado, se dio un balazo en el pecho, muriendo poco tiempo después.

Cartas privadas de José Vasconcelos por Héctor Vasconcelos:

“A cincuenta años (hoy, serían 59) de su muerte, José Vasconcelos sigue asombrándonos con su vida múltiple. No es un secreto que la mujer fue una presencia fundamental en su vida. A continuación ofrecemos las cartas —con un prólogo de su hijo Héctor Vasconcelos” que documentan la historia de amor entre el autor de La raza cósmica y última esposa Esperanza Cruz”:

“José Vasconcelos y Esperanza Cruz se reencontraron en los primeros días de 1943. Un primer encuentro, fugaz y circunstancial, había tenido lugar en 1922, cuando a la talentosa niña se le comisionó para entregar un ramo de flores al entonces secretario de Educación Pública durante su visita al Conservatorio Nacional de Música. Una veintena de años después, la ocasión que los convocó fue un intento de Agustín de León von Schultzenberg por reconciliar a Vasconcelos con Luis Cabrera. Así, invitó a media docena de amigos a su mansión para un almuerzo. Entre los convidados en aquel comedor se encontraba Esperanza Cruz, la pianista mexicana más prominente del momento”.

A la hora del café, alguien pidió a ésta que tocara algo en el fabuloso Steinway que Schultzenberg había comprado “para Esperanza”. Desde el día siguiente, la pianista empezó a ser abrumada por cartas, flores y regalos de un Vasconcelos que, había enviudado sólo meses antes”.

“(...) La historia no tuvo un final feliz. José Vasconcelos y Esperanza Cruz se casaron en diciembre de 1943, creo que, ante todo, por insistencia de mi abuela materna. Entre los testigos contaba Enrique González Martínez. Vasconcelos había propuesto un proyecto menos convencional”.

Pero ensayaron la convivencia doméstica, cosa para la cual ambos eran particularmente ineptos.

Ella se vio espiada durante años por investigadores privados. Él inventó un personaje ficticio “el maestro Alameda” para justificar sus celos. En el verano de 1944 se separaron con el pretexto de un desacuerdo provocado por la asistencia de ella a un concierto de Claudio Arrau en el Palacio de Bellas Artes. En 1945 nací yo. Mi padrino de bautizo fue, naturalmente, Luis Cabrera”.

“(…) Lo que resulta indudable es que ésta fue la última de las legendarias pasiones vasconcelianas: Antonieta Rivas Mercado, Consuelo Suncín Saint-Exupéry, Elena Arizmendi, Serafina Miranda …El frenesí y la utopía amorosa se desvanecieron inexorablemente” (Revista de la Universidad, Cartas Privadas, No. 69 Noviembre de 2009).

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