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Martes , 13.11.2018 / 09:42 Hoy

De café

La post-verdad

Oscar Riveroll

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A finales del año 92, una cartulina apareció colgada cerca del centro de la ciudad. En dicho cartón se leía: “Los rockeros y metaleros son el mal de la humanidad y arderán en el infierno”, el letrero fue firmado por “el tortas”, un reconocido personaje del barrio de la Capilla de Jesús. Por supuesto nadie reparó en el afiche; ni los señalados nos dimos por ofendidos, ni los detractores del rock vitorearon el apocalíptico comentario y al paso de los días, el sol y la lluvia se encargaron de borrar esas letras. A la distancia y con un cafecito en la mano me pregunto a mí mismo: ¿Qué sucedería con éste mensaje sí en aquellos tiempos se hubiera vivido cómo hoy se vive, con la política de la post-verdad, la victimización y los eufemismos cómo palabra sagrada e incuestionable? De seguro, bajo del letrero, los aludidos y muy ofendidos hubiésemos colocado miles “post it” con caritas enojadas y notas como: #fascistaIntolerante etc., mientras que los censuradores habrían apoyado lo escrito con corazones, caritas sonrientes y loas al conservador noventero.

Imagino, ya que la discusión subiera de tono, a ambos bandos retándonos a “debatir” en la esquina donde colgaba aquella cartulina. Sugeriría entonces alguna dantesca escena del film Pandillas de Nueva York, expondríamos nuestros argumentos a “trancazos”, hasta quedar sin saliva o sin sangre y una vez concluido el iracundo debate, nosotros, los victimizados, organizaríamos un “challenge” y reclamaríamos a las autoridades arrancar tan grotesco anuncio. En nuestro papel de inmaculados inquisidores de los chismógrafos de secundaria (redes sociales de hoy) acecharíamos “al tortas” hasta enjuiciarlo y ejecutarlo en la guillotina de la ignominia para obligarlo a pedir disculpas públicamente. Afortunadamente esa historia nunca sucedió, el autor del texto se expresó libremente, a los que nos quedó el saco respetamos esa forma de pensar, mientras que en misa, los contrarios sólo se limitaron a rezar por nuestras descarriadas almas. Veintiséis años después las cosas han cambiado y ha sido para mal; retrocedemos como civilización, no respetamos la libertad de opinión del otro. Lo único bueno hasta ahora, es que ésta re-barbarización social, en la que el monje Savoranola sería el más feliz de todos, es únicamente virtual y esperemos que ahí se quede, en la búsqueda del eterno like; pues las ideas infundidas con odio y miedo siempre son externadas con violencia y seguramente serán respondidas con más violencia, y le aseguro querido lector, que nadie en este país necesita de esas exasperaciones.

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