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Miércoles , 24.04.2019 / 09:38 Hoy

Bambi vs. Godzilla

Spike Lee es relevante otra vez

Maximiliano Torres

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El tema predominante en las películas que este año aspiran a ganar premios es la amistad interracial. Es el caso de Amigos por siempre, con Bryan Cranston y Kevin Hart (justo ahora en cartelera), en la que un millonario blanco y un ex convicto negro se vuelven inseparables. Sé lo que están pensando: ¿Amigos por siempre es oscareable? Técnicamente, no. Por sensiblera, por mala y por haberse estrenado fuera del marco de tiempo fijado por La Academia para ser elegible. Pero allí donde la ven, Harvey Weinstein, antes de perder su fuero como Rey Midas de Hollywood, tuvo toda la intención de posicionarla en la carrera del Oscar. Luego tenemos a Green Book: Una Amistad sin Fronteras, en la que el director de Loco por Mary (trivia que no me canso de decir) cuenta la historia basada en hechos reales sobre el guardaespaldas blanco que cuida a un pianista afroamericano durante una gira por la Norteamérica racista de mediados de los sesentas. Olvidé decir que otra tendencia favorita de este año es todo lo basado en hechos reales. Es importante recalcarlo porque la tercera cinta que comparte la temática de moda es tan verídica como insólita: El infiltrado en el KKKlan, de Spike Lee. De estas tres, es la de Lee la que examina mejor una amistad entre personas de distinto color de piel.

En una época decisiva para la lucha de los derechos civiles, a comienzos de los años setenta del siglo pasado, Ron Stallworth (John David Washington) es el primer detective afroamericano del departamento de policía de Colorado Springs. Pese a ser un logro histórico, en el día a día, Stallworth se topa con el rechazo de sus colegas. Para ganarse su respeto, se le ocurre pedirle a sus superiores que lo dejen infiltrase en el Ku Klux Klan. La idea es absurda, de hecho comienza casi como broma, cuando llama por teléfono a las oficinas del Klan, fingiendo ser un supremacista blanco. Al darse cuenta de que el odio del KKK es tan ciego que podría permitirle salirse con la suya para denunciarlos, Ron le pide ayuda a su compañero judío Phillip Zimmerman (Adam Driver) para que en los encuentros presenciales con los miembros del Klan se haga pasar por él y así obtengan información sobre sus actividades ilícitas.

El cine de Spike Lee nunca dejó de ser político. Fuimos nosotros los que no siempre estuvimos en sintonía con cómo exaltaba sus convicciones. Lo que ocurre con El inflitrado en el KKKlan es que el director encontró una anécdota que permitiera provocar, entretener y reflexionar. Lo cual equivale a tener la atención de una audiencia más amplia. Dada la creciente conciencia que tenemos de cómo el odio gana terreno en la comunicación entre humanos, y la extensa cobertura noticiosa que este clima social recibe, la nueva cinta de Spike Lee no sobresale por recordarnos algo que leemos todos los días en la prensa, sino por implicarlo a través de una anécdota irresistible de conocer en la que, además, amplía su perspectiva de la opresión racial al incorporar un personaje de origen judío a esta conversación. El intro y el final contienen imágenes ajenas a la trama, que hablan directamente de la mentalidad racista que se apodera de la cultura estadounidense. Estas adendas pudieron ser omitidas en favor del argumento principal, que transmite sin fallas la gran lección de historia que aquí se nos presenta.


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