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Comentario y Debate

Entre sargazo y Ramón

Mauricio Valdés

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A finales del 2018 tuve una conversación con mi paisano y compañero el Dr. Alfonso Larqué Saavedra, quien me ilustró acerca de sus investigaciones más recientes en el campo de la agricultura, donde se ha destacado con reconocimientos nacionales e internacionales. 

Conversamos sobre un árbol muy popular en Yucatán, llamado “Ramón”, con el que principalmente alimentan al ganado. El árbol es conocido en el país con diversos nombres como “Tepehuano”, “Ash”, “Tlatlacotic”, “Capomo”, “Samaritano”, y “Ojite”, entre otros, principalmente en el Sureste y costas del Pacífico y del Golfo de México.

Es un árbol de rápido crecimiento, logra su madurez en cuatro años. Puede llegar a medir más de 30 metros de altura, y tronco hasta de 10 metros. Sus profundas y fuertes raíces le permiten soportar huracanes. 

Tiene propiedades excelentes para consumir contaminantes de la atmósfera y un frondoso follaje que además de sombra, es base alimenticia para los animales. Además de su potencial como biocombustible para la generación de energía, tiene enormes cantidades de nutrientes que podrían competir para sustituir la importación de granos en el país. 

Las investigaciones continúan en el Colegio de Posgraduados de Texcoco y en el Centro de Investigación Científica de Yucatán.
El lunes pasado hubo una reunión en el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, donde los investigadores presentaron algunos resultados de sus investigaciones para aprovechar esa alga flotante, llamada “Sargazo”, que afecta a las playas principalmente perturbando al turismo. Los registros más antiguos datan de 1492, por parte de la tripulación acompañante de Cristóbal Colón. 


En 2015 la cantidad de sargazo superó la capacidad de limpieza de las playas en el país. Sin embargo, los investigadores Larqué y Daniel Martínez Carrera han desarrollado un proceso para cultivar hongos comestibles, abono y fármacos de “setas” con base en el sargazo, lo que permitiría combatir favorablemente su acumulación en las costas del Caribe, además de proteger las playas de los huracanes. Una valiosa alternativa biotecnológica para producir alimentos y proteger el medio ambiente.

Hasta ahora se trata de un problema nacional y mundial, sin aparente solución. El gasto nacional para eliminar el sargazo es creciente. Se calcula en 200 millones de pesos al año el costo de la limpieza de algas benéficas para la alimentación y protección de las playas. Mucho más de lo requerido para una planta piloto.

Como podemos ver, la investigación científica requiere ser tomada en serio por las autoridades gubernamentales y apoyarse con recursos para lograr el desarrollo científico en beneficio del país. No todo es preocupación por la invasión del sargazo en el Caribe y la afectación al turismo, hay solución y favorable a todos. Más allá del “huachicoleo”, robos, corrupción e impunidad.

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