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Lunes , 12.11.2018 / 23:27 Hoy

Fajadores y estilistas

Un tornado de Nebraska

Martín Eduardo Martínez

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“Le dije que él era el siguiente. Todo lo que hace es hablar pero sigue evitándome, luego trata de hacerse el duro diciendo ‘vamos afuera’. ¿Por qué afuera cuando estaba justo frente a él?”. “Será mejor que venga bien preparado, porque le voy a dar una paliza, garantizado”. Luego de sentirse iluminado por haber vivido luego de recibir tres diparos en 2016 por parte de un sujeto que según él era un completo desconocido (y ganar por knockout técnico a Matt Strode en su primera batalla tras la recuperación), José Benavidez Jr. tuvo la gran idea de pasar estos últimos días altanero y confiado en exceso, calentando el pleito contra Terence Crawford celebrado el pasado fin de semana con declaraciones como las de más arriba. Pero quizás las balas, sus mánagers o llanamente sus palabras lo aconsejaron mal, porque el factor que estaba perdiendo de vista era, de hecho, que peleaba contra el mismo Crawford que le lleva por ventaja treinta posiciones en el ranking de los wélters mundiales, siendo éste quien ostenta el primer lugar y quien, contrario a lo que Benavidez hubiera deseado, retiene el título welter de la OMB en Omaha, Nebraska: la comodidad de su casa.

Los récords de ambos peleadores son de aplauso y de temor: 27-0-1 (18 KO) para Benavidez, invicto hasta el sábado pasado, y 34-0-0 (25 KO) para Crawford, y cada cual en sus anteriores peleas ha hecho un excelente trabajo, claro está, pero a Benavidez le mareó subirse a un banco que, por ser de una madera débil en esencia, se quebró apenas unos momentos después de haber trepado. Bud, como también le llaman a Crawford, quien igual que Benavidez Jr. recibió un tiro en la nuca hace algunos años, sabe perfectamente bien cómo fajar a sus oponentes, pero también cómo trabajar a la distancia y atacar de una manera enloquecida pero siempre técnica, logrando conectar la gran mayoría de sus golpes. Así, la notoria falta de espacio para conectar a Crawford dejó a Benavidez pasmado durante varios episodios e intentando llegar a ratos al cuerpo de Bud a través de la calma, la defensa y ataques inciertos de un solo golpe, que le costaron, tarde pero seguro, el derribo en picada tras un derechazo del de Omaha, del cual ya no se pudo recuperar en los últimos segundos de ese round número 12 que dejó miles de avispas zumbando en el encordado.

Las palabras y amenazas pronunciadas por José Benavidez se transormaron, en unas cuantas horas, en encabezados y noticias que dibujaron al perdedor como apenas un aprendiz al lado de Terence Crawford, quien bien ganado se tiene un lugar. Buena pelea la de estos dos campeones consagrados; buen muestrario de la rapidez y el combate fino; buena cátedra la de un Crawford experimentado a un Benavidez que pese a un récord prácticamente inmaculado tiene todavía mucho que aprender; buena noche en que pareció como si las balas alojadas en los cuerpos de ambos boxeadores hubieran surtido un efecto devastador sobre el rostro ajeno. Benavidez nunca estuvo arriba en las apuestas ni en el gusto general como favorito del encuentro, y sin embargo salió mucho mejor librado de lo que pudo ser una verdadera masacre tratándose de un frente a frente con ese lobo viejo que es Terence, porque esta vez las balas salieron disparadas con potencia, chocaron de frente y estallaron en la piel y los huesos de su contrincante, y no obstante, pese al fuego presente, la noche fue secuestrada por un par de armas blancas, enfundadas en el cuero pesado de unos guantes que se vuelven livianos siempre que un tornado de Nebraska se los calza.

mar_mtz89@hotmail.com



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