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Martes , 16.10.2018 / 05:41 Hoy

Cuestión Política

Capricho o justificación al estado mayor presidencial

Marco Antonio García Granados

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Será un infortunio que el Estado Mayor Presidencial (EMP) sea absorbido por la Secretaría de la Defensa Nacional a partir del 1 de diciembre, toda vez que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ya decidió –por capricho o resentimiento- desaparecer ese cuerpo de élite que fue dado de alta cuando Manuel Ávila Camacho era Jefe del Ejecutivo Federal.

La decisión de AMLO ha sido controversial a partir de que él mismo la anunciara, toda vez de que a lo largo de sus 12 años de campaña proselitista esgrimió que acabaría con las pensiones de los ex presidentes de México cuando llegara al poder.

Y es que las prestaciones que se otorgan a los ex mandatarios incluyen militares de élite, que cuidan de ellos y su familia con cargo al presupuesto de la Secretaría de la Defensa Nacional y Presidencia de México.

Lo lamentable de la baja de los elementos de Presidencia es que los más de 6 mil efectivos entre oficiales, generales, coroneles, mayores, capitanes y soldados rasos, todos tienen en su haber cursos de la más alta escuela militar en instituciones superiores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá e Israel, entre otras naciones.

Según los argumentos de López Obrador, la baja de Presidencia del Estado Mayor se hace con base en el exagerado gasto que causa su incorporación a las redes nacionales, toda vez que los propios efectivos resguardan desde hace más de 75 años la seguridad del Presidente de México en turno.

Los que de una forma u otra fuimos en su momento reporteros de la fuente presidencial, sabemos que esos cuerpos de seguridad –entrenados hasta para ofrendar su vida en caso de ser necesario en rescate del Jefe del Ejecutivo federal- son militares de élite y que nunca pierden el estilo.

Sin perder la marcialidad, los elementos castrenses han sido preparados para ser más accesibles, más no fáciles de vulnerar por el servicio que prestan.

La historia está marcada por dichos elementos que acompañan al mandatario de la nación, las 24 horas del día, los 365 días del año y hasta donde dirija sus destinos.

Si el conocido revanchismo de López Obrador es causal para que deje de lado al afamado EMP, la historia que se escriba será otra, ya que esos elementos de élite militar –podrían equipararse con la reconocida academia estadunidense de West Point- le harán falta cuando los efectivos que resguarden su seguridad personal no cumplan con los más elementales principios militares.

La decisión de darlos de baja no será fácil. Le harán mucha falta a AMLO. Al tiempo.

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