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Jueves , 25.04.2019 / 09:53 Hoy

Mercados en perspectiva

Banxico confirma bajo crecimiento

Manuel Juan Somoza

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En el reciente comunicado trimestral del Banco de México sobre la inflación, que más que eso es un reporte de cómo ve el banco central la situación económica general, se confirma que la economía mexicana está débil y que el crecimiento esperado estará por debajo del alcanzado en 2018, que de por si también fue bajo.

Las razones son muchas, pero la más importante es que las inversiones públicas y privada está detenida; por lo que se refiere a la parte pública, el gasto está mayormente concentrado en programas sociales y muy poco dinero dedicado a infraestructura y actividades productivas. El Tren Maya parece ser de lo más importante, y la mayor parte de los analistas piensa que la productividad del proyecto y sus beneficios al crecimiento son bastante cuestionables. Otro renglón de inversión pública son las refinerías, también de rentabilidad cuestionada: la inversión privada, por su parte, está titubeante ante un gobierno que lanza señales encontradas, ya que por un lado quiere ganarse la confianza del sector privado, pero en los hechos hace lo contrario. La evidencia más clara es la complacencia del gobierno ante los problemas de huelgas abusivas en Tamaulipas, o los actos criminales de la CNTE en Michoacán, bloqueando el tránsito de ferrocarriles. También hay dudas de lo que pasará con la reforma energética (hasta ahora congelada), que podrá generar, con el tiempo, una gran cantidad de flujos de inversión al sector.

Da la impresión de que el Presidente piensa que Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) son empresas que pueden hacer frente solas a los requerimientos del país, lo cual no es cierto; y si no, veamos: Pemex no tiene ni el dinero ni la tecnología para hacerle frente a las necesidades de explotación de nuevos yacimientos para incrementar sus reservas, tampoco hay recursos para proceder con una explotación racional y suficiente de nuestro petróleo, y la CFE, además de que no es capaz de generar la suficiente energía eléctrica que necesitamos, la que produce es a costos mucho más elevados que en el sector privado; si todos estos vicios y contradicciones continúan, será muy difícil lograr los niveles de inversión que el país requiere para crecer al 4 por ciento.

Además de lo anterior, ser más racionales y equilibrados en nuestro gasto público –entre lo social y lo productivo— es imperativo.

A todas luces se requiere una reforma fiscal integral que le dé más recursos al gobierno; pero para que sea exitosa cualquier reforma fiscal, como condición indispensable hay que asegurarse de que los recursos que se reciban se gasten con honradez y transparencia. Una reforma fiscal exitosa será aquella que se recargue mucho más en los impuestos al consumo y no en los gravámenes a la inversión y al trabajo, dicho claramente, incrementar el IVA y generalizarlo para alimentos y medicinas y preparar paralelamente mecanismos que le repongan a los más necesitados la disminución de su poder adquisitivo por el alza del impuesto. Lo anterior es fácil para la población que está insertada en la formalidad, y para aquellos que no lo están, este será un estímulo para que se formalicen. La entidad rural se puede atender con programas sociales ad hoc. Subiendo el IVA se debería reducir drásticamente el impuesto sobre la renta a personas físicas y empresas; esta combinación crearía un despegue de las inversiones privadas, y así, gobierno gastando más en infraestructura e iniciativa privada complementando la pública, se lograrían crecimientos de 4% y más.

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