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Tribuna futbolera

Un año sin quejas

Luis Miguel Rodríguez Cruz

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Campeonato y liguilla. Así culminó el año futbolístico para el Santos. Lo que presenciamos en el partido de vuelta de los cuartos de final en el TSM ante Monterrey fue una especie de letargo, un adormecimiento físico y futbolístico por parte del Santos. 

Cuando los engranajes de una maquinaria llevan carburando meses a alto rendimiento terminan diciendo “basta” en determinado momento. 

No quiero justificar a nadie, pero el Santos se exprimió hasta donde pudo. Un año de alta exigencia que desencadenó en el santista el orgullo de darse cuenta que sus jugadores dieron su máximo físico y futbolístico. 


Pueden quedar algunos resquicios: que si durante las primeras jornadas el medio campo entró en un bache y no fue productivo, que la defensa entró en reconstrucción y requirió algo de tiempo para consolidarse… la novela del despido de Siboldi...etc. 

Todos los argumentos son válidos y sustentados, pero la idea que debe imperar es que el Santos, en todos estos meses, ganó una identidad y un modelo de juego, sostenido por futbolistas que cuando mostraron sus cualidades a plenitud terminaron siendo incontrolables e incontrastables para todos sus rivales. 

El torneo del campeonato es ya una página exquisita en la historia del club y también, debería de serlo, en la historia del futbol mexicano como homenaje al despliegue futbolístico del Santos.

Confieso que hace algún tiempo (bajo un contexto desolador del equipo) escribí en éste espacio, palabras más, palabras menos, que el Santos había empezado a decaer como marca, como símbolo para la región y para la industria del entretenimiento. 

Su situación y su vacío estadio así lo indicaban. Pero tiempo y el buen trabajo organizacional del club contrarrestaron esa circunstancia y regresaron al equipo al sitio que le corresponde y del cual nunca debe bajar: la élite del futbol mexicano.

El Santos y su directiva se ganaron la confianza y más santistas proliferaron a raíz de sus éxitos recientes. Lo que sigue es complejo: que no se pierda el modelo ni la identidad de juego. Los títulos podrán ganarse o no, pero en el futbol no se olvida el cómo se logran los éxitos y al santista, por sobre todas las cosas, le importa el cómo.

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