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Columna de Laura Ibarra

El lenguaje morenista: entre conjuros y sermones

Laura Ibarra

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Personalmente me gusta el llamado lenguaje del pueblo, claro, cuando lo habla el pueblo. En general, espero que un médico en consulta me hable como médico y un abogado, en su trabajo, me hable como abogado. Esto no significa que tenga que recurrir a su jerga especializada, simplemente que sus palabras demuestren su educación y el dominio de su materia. ¿Por qué le escribo esto?

Porque el lenguaje de los morenistas en el nuevo gobierno y en la nueva legislatura está resultando no solo inapropiado, sino que en algunos casos riesgoso y hasta insultante. Hay tres formas que considero no deben tener lugar en el lenguaje político, pues sus narrativas son propias de la farsa teatral, lo que termina desgastando a la política misma.

La primera de ella es esa semántica que se apropia de la religiosidad.

Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, escribió en su cuenta de Twitter que López Obrador, “ha tenido una transfiguración” (¡Uff!).

Agregó que el mandatario, “se mostró con una convicción profunda, más allá del poder y la gloria. Se reveló como un personaje místico, un cruzado, un iluminado”. (Dos veces uff!)

Y fue más allá: “La entrega que ofreció al pueblo de México es total. Se ha dicho que es un protestante disfrazado. Es un auténtico hijo laico de Dios” (¿Seguros que le quieren otorgar el doctorado honoris causa?).

¿Decir de un presidente que se trata de “personaje místico, cruzado e iluminado” es propio del presidente de la Mesa directiva del Congreso? ¿Se dará cuenta Muñoz Ledo que ya no estamos en el siglo XIX?

Por otro lado, creo que incluir en el programa del día de la toma de posesión rituales ancestrales de purificación es una señal de reconocimiento a las costumbres indígenas. Pero que el Ejecutivo se hinque ante un chamán, un tipo fuera de sí, le quita dignidad a la investidura presidencial.

Y un ejemplo más: ¿Dónde queda la visión de Estado cuando se afirma que “la verdad es cristiana y la mentira es del demonio”? (Nooooo! ¿Cómo del demonio?).

El segundo lenguaje que debe ser desterrado de la política es aquel que insiste en la división. ¿No se ha cansado Usted de que nos traten de etiquetar ya sea como fifís, chairos o conservadores? En estos tiempos cualquier ciudadano es en distintos momentos una de las tres cosas.

De todas las frases que insisten en la división la más desafortunada es la del ahora gerente del Fondo de Cultura Económica, la principal editorial del gobierno, Paco Ignacio Taibo: “Se las metimos doblada”. No sólo es condenable por su vulgaridad, sino que muestra que quien la dice piensa que los que no coinciden con sus ideas son merecedores de una terrible humillación. (Por cierto, su próxima novela se llamará: Planchas para genitales masculinos).

El tercer lenguaje que los morenistas deberían desechar es aquel que recurre a las explicaciones absurdas o están fuera de lugar. La diputada de Morena que se puso a cantar en la tribuna o las explicaciones sobre la cancelación del NAIM son ejemplos de ello.

Extraño un lenguaje y una intención que mire al futuro. Pareciera que hay una claudicación a seguir avanzando en el proceso de modernización. El aeropuerto de Santa Lucía suena a mis oídos como las estaciones de las mulas de carga en el siglo XIX. Hechos sin proyectos ejecutivos y sólo con una vida útil de tres a cinco años.

El lenguaje económico

En la arena pública se está colocando un lenguaje que hasta ahora había permanecido al margen: el de la economía. Desde la cancelación del NAIM y el intento del gobierno por banalizar la incomprensible decisión, -era sólo un aeropuerto- muchos volteamos a ver a los columnistas que interpretan la subida del dólar o las tasas de interés. Ante la avalancha de promesas de difícil cumplimiento y la falta de un proyecto federal de crecimiento económico, hay una tendencia a buscar información real.

A muchos ciudadanos nos interesa realmente saber si tendremos dinero en los bolsillos el próximo año o conocer las oportunidades de empleo, fuera de lo que dice un gobierno que no le apuesta a la inversión privada como causa de crecimiento (entonces ¿a la varita del mago Merlín?).

Muestra de ello es que en todos los medios, televisivos, radiofónicos o escritos, la sección financiera se amplía. Aquí se atiende a los pronósticos de crecimiento económico, a los índices de inversión extranjera, a la subida del dólar o a las tasas de consumo, lo que afecta al final de cuentas nuestro monedero. Claro que tal afectación empezará a hacerse visible en la cartera de la mayoría de las personas en un año o más.

En estos medios, no deja de insistirse en la caída de la confianza de los inversionistas y en el reajuste de las tasas de crecimiento a la baja.

Cada quién es libre de escoger a quién creerle, pero sin la inversión privada será muy difícil que la economía crezca. ¿Quién va a contratar a los jóvenes después del Programa de Capacitación que financia la 4T?

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