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Sábado , 20.04.2019 / 11:24 Hoy

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Brevísima historia del cinematógrafo en León

Juan Carlos Porras

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El cinematógrafo llegó a León un año y cinco meses después de la primera exhibición pública en París. Sobre las inmediaciones del Portal Bravo, otrora de la Cárcel, se improvisó un salón -parvo establecimiento, le llama el Profr. Jesús Ojeda Sánchez historiador en “Los inventos llegan a León” -que denominaron “Salón de la Concordia”.

Quienes asistieron aquel viernes 30 de abril de 1897, al caer la tarde, para ver las proyecciones de los rollos traídos por los Hermanos Becerril, pagaron 25 centavos por persona, que con un equipo Werner exhibieron la “escena de una aldeana francesa que arrojaba puños de semilla para atraer palomas”.

La novedad del invento, que luego fue conocido en la ciudad como “lámpara mágica”, causó sensación al ver como el manipulador “detenía de improviso la manivela” para congelar la “vista” de aquella mujer arrojando las semillas. Se podía ver entonces la suspensión del grano para dar paso, de manera paulatina, a la facultad del movimiento.

Los leoneses reunidos en aquel pequeño salón observaron también un desfile de soldados de caballería, así como la llegada del tren a la estación y otras escenas parisinas. Y como en todas las plazas donde se proyectaban las vistas, “la gente creía que la caballería se venía sobre el púbico”. Lo mismo les pasó al ver la máquina del tren y más de algún parroquiano salió asustadísimo del lugar.

Con lo anterior se cumplía con la auténtica intención del cinematógrafo que, a decir del especialista Aurelio de los Reyes, era captar la realidad tal y como la veía el ojo humano.

Así lo supo hacer Jaime Valtierra quien en los años veinte del siglo pasado, filmó La lusitana de compras donde una bella joven mujer leonesa paseaba por la Calzada (de los Héroes) portando diferentes bolsas de tiendas de la localidad para promover sus marcas: la realidad tal y como la ve el ojo humano, sin duda, pero sin ser películas “realistas” como sí lo fue la Ceremonia de bendición de la primera piedra del Monumento Votivo Nacional a Cristo Rey en el cerro del Cubilete (1923) o bien las escenas de León en cinematógrafo que congregaron las Fiestas de Enero de la ciudad, que algunos historiadores la consideran como la primera película (realista) filmada por estos lares.

Pero volvamos al momento del Fiat lux!, en la “ciudad populosa, y que por su número de habitantes se dice que es la segunda de nuestro país”, se tenían lugares para divertirse a granel: el Coligallo o Plaza de Gallos; el teatro (de) Doblado; la propia Casa Municipal así como la Plaza de la Constitución con todo y su portal de los Jarcieros (Sur) y otros dos: el de la Cárcel (Norte) y el de las Palomas (Poniente)… donde, el bullicio, los bailes, los paseos, los buenos vestidos, los hermosos caballos y los elegantes coches daban cuenta de la bonanza que, desde 1866, vivió la ciudad.

Si bien León ha sido un lugar de costumbres, en lo moral e intelectual, no deja de llamar la atención que desde siempre sus habitantes supieron adaptarse a los cambios en todos sentidos. Valga entonces citar que el aumento de su hermosura está fincado en el progreso material sin dejar de lado la hornada cultural y de las artes.

Así pues, la convergencia de la lámpara mágica en los espacios habituales en la ciudad, para el disfrute de la cultura, como en todos lugares del país, llegó para quedarse y transformar la vida cotidiana. Así, el Coligallo, el teatro Doblado, el Círculo Leonés Mutualista, el Centro Aristocrático, tuvieron sendas temporadas de Cinematógrafo, “a tarde y noche”. Su contraparte crítica, “a troche y moche”, la vivió con los señalamientos vertidos desde la prensa local a través del diario El Pueblo Católico quien “combatió dichos espectáculos, con [una] campaña moralizadora”.

Entonces surgieron los Salones “Verde” y “Rojo”, 1908 (frente al Oratorio de San Felipe Neri hoy c. 5 de Febrero); luego vino el Élite, 1913 (c. Hermanos Aldama); el Salón París, 1914 (s/Id.); el Salón Olimpia, 1920 (c. Juárez); el Teatro Cine Vera, 1921 (c. Hermanos Aldama) otrora Salón México; de manera temporal se instaló la Carpa-Teatro Popular, 1922 (Plazuela de Santiago); el Teatro-Cine Ideal, 1928 (callejuela Padilla); el Cine Isabel, 1930 (c. Artes otrora Libertad); el Coliseo, 1930 (antigua Plaza de Toros cc. Reforma y Comonfort); el Hernán (c. Pino Suárez) luego llamado Cinema Plaza, 1948; el nuevo Cine Vera, s/f. (c. 5 de Mayo) luego Galerías, 80’s.; Cinelandia, 1953 (cc. 5 de Febrero casi esquina con Gante) luego fue Sala Madrid; el Cine León, 1968 (c. Álvaro Obregón); el Cinema Estrella, 1965 (Blvd. A.L. Mateos casi esq. con c. Mérida); Cine Insurgentes, 1965 (c. Alud).

En los años setentas se consolidaron las salas tipo teatro, como en los Estados Unidos de América, como los cines Reforma y Américas, 1960 (cc. Reforma y Pino Suárez); el Cine de Arte “Buñuel” (cc. Hernández Álvarez y 5 de Febrero); el Colonial (c. 5 de Mayo); los Cinemas Gemelos 70 (Blvd. A.L. Mateos) luego fueron cuatro salas Multicinemas y después fueron Xtreme y ahora Cinépolis; los Cinemas Gemelos Independencia (sobre la calle del mismo nombre en el Barrio de San Miguel).

Con el transcurrir del tiempo llegaron las pequeñas salas múltiples como: Cinema Galerías (Alfa, Beta, Gama, Delta); los ya citados Multicinemas y luego colocados en Plaza Hidalgo (4 Salas); también los de la Gran Plaza (17 salas), todos ellos de Organización Ramírez.

El punto de quiebre llegó con la absorción de las salas, por parte del gobierno, para conformar la Compañía Operadora de Teatros (COTSA) que, al paso del intenso cuadro por cuadro, les sobrevino una prolongada huelga por parte de los empleados que concluyó en 1993 y con ello vino la debacle de las magníficas salas a mitad de los noventa.

Para 1998 operaban en el Centro Comercial “Plaza Mayor” 12 salas de la cadena UnitedArtists. Le competían a la compañía estadounidense las múltiples salas de los Cinemas Estrella, Hollywood, Plaza Galerías, Cinemax, Plaza Coliseo.

Al arribo del siglo XXI, el de las identidades, se reconfiguró la manera de exhibir y consolidar el llamado Séptimo Arte por las nuevas tecnologías.

Ahora su complejidad estriba, por un lado, en la descentralización de los cines. Es decir, salieron del perímetro del Centro Histórico y de los Barrios y colonias de clase media para instalarse en los clústeres de mayor consumo como rémoras de la tienda ancla en turno. Y por otro, la manera de comportarse en la sala puesto que ya nadie decente grita con aliento: “¡Ya llegó su padre, cabrones!” o bien: “¡Cácaro!

Quedan por cierto tres grandes pendientes para recuperar la historia documental del cinematógrafo en León: el de los cinitos de barrio o de “piojito” (como el Pinocho en San Juan de Dios o el Cinito Pepsi, por ejemplo); las funciones de matinée, se tienen noticias desde 1922, donde sobrevino el revuelo leonés, por parte de los zapateros y los estudiantes, del tradicional San Lunes que consistía en ausentarse del trabajo o de la escuela para ir a la permanencia voluntaria en el cine.

Y, de manera final, el cineclubismo de la Casa de la Cultura en dos momentos clave de exhibición: uno con Gabriel Hörner y otro con Gerardo Mares Rodríguez. Así como el Cine Club de la Biblioteca Regional “Ignacio García Téllez” y el coleccionismo cinematográfico siempre vivo de Mario Palacios quien quería comprar el Cine de Arte “Buñuel” para convertirlo en la Cineteca de León. Asunto que secundó bien el ya citado Gerardo Mares y quien esto escribe y que, no hace mucho tiempo, Christian Vilchez Lizardi (Laboratorio Kino-Room) lanzó su propuesta de la creación de la Cinemateca de León para habitar la referida finca cinematográfica del otrora dueño Gustavo Alatriste.

*Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN)

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