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Lunes , 12.11.2018 / 22:26 Hoy

Las posibilidades del odio

Fronteras reconfiguradas:de los Balcanes imaginarios al son jarocho neoyorquino

Juan Carlos Hidalgo

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Hace unos años buscaba un pescado para cocinar con motivo del año nuevo en los expendios de Sunset Park en Brooklyn. Hace rato que el Barrio chino de Manhattan es un mero tinglado turístico porque los asiáticos ya no viven ahí; se mudaron hacía rumbos más accesibles en cuanto al precio del arrendamiento. Ahí se encontraron con que los mexicanos andaban en las mismas y ahí rentaban departamentos y en los barrios aledaños.

La necesidad de trabajar hizo que establecieran relaciones que funcionaron muy bien. En aquella pescadería atendía en el frente un anciano chino y los precios estaban en chino, mientras al fondo se limpiaban las piezas mientras sonaban Los temerarios y se hablaba en español. Hoy día cada vez más gente le llama Chinaztlán a esa parte de Brooklyn.

Otro día me moví a Queens para asistir al Terraza Café, un sitio donde se toca en vivo y ahí un combo formado por músicos de varias partes de latinoamericana hacía versiones de canciones como “Cariñito”, que es un chicha peruana con mucho acento de rock psicodélico.

La pesquisa de sonidos increíbles la proseguí en Park Slope –otra vez en Brooklyn-, donde se localiza el Barbés, un pequeño bar que es propiedad del grupo de franceses Chicha libre y que ofrece una vasta oferta de música proveniente del mundo entero. Esa noche tocó la banda Slavic Soul Party, haciendo una descarga carnavalera de acento balcánico.

Tal es la experiencia de la Aldea Global, pero no se trata de algo que se sienta sólo en Nueva York sino de una experiencia que crece en diversas ciudades del planeta. Es impresionante que en México se dé una enorme diversidad musical que incluye a la escena conocida como Balkan y que, por supuesto, trae a nuestro terreno la tradición de aquellos lares y la adapta a nuestra circunstancia. Ahora estos Balcanes imaginarios o simbólicos puede comenzar en la vieja Tenochtitlán.

Precisamente ambas escenas han detonado el libro que publica Bruno Bartra; quien ha sido un protagonista principalísimo a través de su propio grupo: La Internacional Sonora Balkanera, y también tocando en fiestas como Dj y conocido como el Sultán Balkanero.

En Fronteras reconfiguradas se da cuenta de lo que ocurre en la capital mexicana al respecto del movimiento balkan, que se concentra –según el investigador en la Colonia Roma- y por el que desfilan Polka Madre y Triciclo Circus band, presentándose en lugares como Casa Hilvana acompañados por belly dancers, malabaristas y otros actos circenses.

Pero luego Bruno se trasladó 4 años para estudiar en la Universidad de Nueva York y por allá encontró que iba creciendo un circuito de Son jarocho muy relacionado con la cultura del mezcal y la oferta gastronómica mexicana. En su repaso aparecen grupos como Jarana Beat, Semilla -más apegadas al Son jarocho, junto a otro tipo de expresiones como Rana Santacruz, en la que las rancheras se encuentran con el folk rock.

Pero además de servir como una instantánea temporal de ambos ámbitos, Bartra agrega su perspectiva como sociólogo egresado de la UNAM y lo aprendido durante sus estudios de etnomusicología en la Universidad de Nueva York. De esta manera Fronteras reconfiguradas (editado por Siglo XXI; de larga tradición en la parte académica) incursiona en una vertiente poco frecuentada en el panorama nacional: la del ensayo.

Resulta muy interesante el entreveramiento que hace Bruno de su experiencia personal como músico con el pensamiento social de avanzada, como en el caso del investigador y ensayista indio Arjun Appadurai, quien ha estudiado, entre muchos temas, lo que llama los flujos culturales transnacionales, en los que por supuesto cabe: “la promiscuidad cultural, la proliferación de espacios abstractos como los cibernéticos, el flujo de capitales y verdades, el aumento de las interrelaciones y las mixturas lleva a desvanecerse toda ilusión de pureza y a buscar el contrapeso de tal frustración…”.

Cada vez es menos determinante el facto geográfico en términos culturales y por ello se modifican las nociones tradicionales de patria y nación. El territorio se convierte en algo simbólico y las fronteras terminan por trasponerse por más que imbéciles como Donald Trump pretendan levantar muros. No en vano uno de los temas más emblemáticos del proyecto californiano de hip-hop chicano Aztlán Underground grita: “Nosotros no cruzamos la frontera; la frontera nos cruzó a nosotros”.

En este sentido y a propósito de los ideales del movimiento balkan en el libro se apunta: “La gente que está ligada a esta nueva escena en México procura enriquecer su realidad al construir un territorio imaginario alimentado por elementos estéticos gitanos, orientales y del este de Europa, así como por aspectos de la contracultura mexicana del siglo XX. Al hacer esto, crean un México alternativo, ideal y utópico que está ligado a dicha constelación balcánica internacional que se ha forjado a través de elementos musicales y estéticos surgidos en diversas comunidades alrededor del mundo, unidas a los nuevos géneros musicales inspirados en los Balcanes”.

A través de la lectura nos enteramos, por ejemplo, del desarrollo del llamado pasito duranguense, que se consolidó, nada menos, ¡que en Chicago! Y con el grupo K-Paz de la sierra como protagonista. Y hacía su parte final incluye un Apéndice de canciones representativas del asunto y en la que figuran artistas como Líber Terán, Bocafloja, Polka Madre, Akwid, Kinto Sol Jae- P y Pasatono.

Fronteras reconfiguradas resulta una ensayo fresco y reflexivo en el que no es un acierto menos conducirnos hasta los planteamientos de Appadurai: “La idea de que este es un mundo de flujos de personas, ideas, posicionamientos, todavía lo creo de verdad. Esos flujos crecen todo el tiempo. Cuando publiqué La modernidad desbordada en 1996, tenía la idea de que las naciones estaban en una gran posición y eso desapareció. Pero no me equivoqué en la esencia de que las naciones tienen muchos canales como los movimientos sociales y los movimientos transnacionales”.

Se trata de un libro sobre música y aspectos sociológicos de actualidad que ofrece una visión mucho más amplia y nada reduccionista de lo que sucede en el mundo y que nos deja pensando en eso que los expertos han llamado paisaje étnico, que se conforma por: “los turistas, los inmigrantes, los refugiados, los exiliados, los trabajadores invitados, así como otros grupos e individuos en movimiento que hoy constituyen una cualidad esencial del mundo y parecen tener efecto, como nunca se había visto hasta este momento, sobre la política de las naciones y entre naciones…”.

Se trata de una concepción de las cosas sumamente útil en el momento en que prosigue la caravana de hondureños y ante la que, tristemente, muchos mexicanos han mostrado una nefasta xenofobia y un racismo que tenían ocultos dentro de sí.

El panorama parece muy oscuro, pero cuando analizamos todo lo que ha logrado el arte y la cultura caemos en la cuenta que siempre será necesario seguir peleando a la contra. Desafortunadamente, y como decían The Smiths, “La barbarie comienza en casa”.

circozonico@hotmail.com



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