• Regístrate
Estás leyendo: Texcoco
Comparte esta noticia
Miércoles , 14.11.2018 / 11:52 Hoy

El Santo Oficio

Texcoco

José Luis Martínez S.

Publicidad
Publicidad

El cartujo indaga el otro lado de la historia, la del antipueblo en Texcoco. Escucha su voz, ignorada en los medios de comunicación, por lo general solo atentos a las protestas y los gritos de quienes desde Atenco reniegan del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, como si ellos representaran la totalidad del municipio. No es así. Allí existen muchos ciudadanos a favor de la obra, pero nadie los toma en cuenta en el vendaval de la cuarta transformación, en el remolino de la demagogia y la irresponsabilidad de un gobierno prácticamente de facto ante el eclipse de un régimen medroso para defender sus logros, aterrorizado por sus errores y el colosal fantasma de su corrupción.

Atenco tiene menos de la quinta parte de los habitantes de Texcoco, pero ni siquiera en esa comunidad, conocida por su histórica beligerancia, existe unanimidad acerca del nuevo aeropuerto. No todos son “el pueblo” del discurso de moda, contrario a la terminal aérea, como lo han expresado sin tapujos los emisarios del Presidente electo —atrapado sin remedio en el espejo maldito de la adulación en sus incesantes giras.

El líder y el pueblo


En su libro Del fascismo al populismo en la historia (Taurus, 2018), Federico Finchelstein enumera las características del populismo; entre otras, menciona las siguientes: “La idea de que los antagonistas políticos son el antipueblo, a saber: enemigos del pueblo y traidores a la nación; una visión débil del imperio de la ley y la división de poderes; la idea de que el líder es la personificación del pueblo”.


Todo esto aparece y define el rumbo de la próxima administración federal. Y el nuevo aeropuerto es ejemplo de ello (como los son los casos de Manuel Velasco, Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia y algunos más, limpios de su negro pasado por decisión de un solo hombre). Una palabra de Andrés Manuel López Obrador puede inclinar la balanza de un lado o del otro, con consulta o sin ella. Él lo sabe. En el imperio de la simulación, la ley no importa ni tampoco la opinión del poder legislativo o la de los expertos mexicanos o extranjeros. Él encarna al pueblo y representa su voluntad, y quienes se oponen a ella son el antipueblo, una minoría despreciable en una democracia de masas como la impulsada a través de consultas chafas o votaciones a mano alzada.


En Para combatir esta era (Taurus, 2017), Rob Riemen dice: “El objetivo de la democracia es (…) la educación, el desarrollo intelectual, la nobleza de espíritu, y la nobleza de espíritu es el arma más importante para impedir que la democracia degenere en una democracia de masas…, donde todos están bajo control de todo aquello que puede hechizar a las masas”. El carisma y las promesas de un hombre, por ejemplo. O la demagogia y la propaganda.


El pasado de una ilusión


El amanuense conoce Texcoco desde niño. Lo ha recorrido innumerables veces. Recuerda sus visitas al Molino de las Flores, a La Purificación o Chapingo; sus conversaciones con tantos amigos nacidos o radicados en ese municipio, muchos de ellos profesores. A ellos les pregunta su opinión sobre el nuevo aeropuerto. Le responden por escrito, para evitar malentendidos. Le dicen:


“Diversos sectores de la población que abarcan desde empresarios, profesionistas e incluso un considerable número de ejidatarios están a favor de que este proyecto se realice en Texcoco.


“Ejemplo de ello es la creación de agrupaciones como el Frente Ciudadano Luchando por Texcoco, en la que se encuentran políticos y empresarios texcocanos, así como integrantes de la Unión de Pueblos Ejidales, Comunales y Pequeños Propietarios. Este organismo asegura que los beneficios de la nueva terminal aérea son más que los perjuicios, incluido el impacto ambiental.


“Quienes apoyan la continuidad de la edificación de la nueva terminal aérea aseguran que es un detonante del desarrollo económico porque, entre otras cosas, potenciará la infraestructura necesaria para un municipio que ha crecido de forma desproporcional, en gran medida por los asentamientos irregulares.


“Desde hace varias décadas Texcoco es una ciudad dormitorio por la escasez de empleos, situación que obliga a sus habitantes a realizar largas horas de viaje hasta sus lugares de trabajo en la Ciudad de México o en otras poblaciones aledañas. Para muchos, este es el principal argumento a favor del nuevo aeropuerto: la creación de alrededor de 100 mil empleos para los texcocanos.


“Aunque nadie pueda asegurar que la cifra sea exacta, lo cierto es que desde que iniciaron las obras, en septiembre de 2015, la oferta laboral ha aumentado notablemente en el municipio, así como también se ha activado el mercado de bienes raíces por la demanda de casa habitación por parte de ingenieros, técnicos y personal que labora en el nuevo aeropuerto. Pequeños comercios, restaurantes y la decena de hoteles que existen también han incrementado su clientela.


“Ahora, ante la incertidumbre en cuanto a la realización del aeropuerto en esta zona, algunas de las empresas (inmobiliarias, bancarias, turísticas) que estaban dispuestas a invertir capital económico en Texcoco prefieren detener sus proyectos.


“Este ambiente ha generado preocupación entre quienes ven esfumarse la posibilidad de que Texcoco salga del rezago en que actualmente se encuentra”.


Esto dicen. La ilusión se desvanece, aunque siempre existe la posibilidad de un cambio de opinión de última hora si así lo decide quien juega con nosotros con los dados cargados.


Queridos cinco lectores, en un día gris, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.