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Jueves , 19.07.2018 / 04:38 Hoy

Agua de azar

La transformación

Jorge F. Hernández

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Deseo de corazón que la inocente esperanza de millones de mexicanos sea correspondida con una conciencia contundente: que llegue el brazo de la justicia al despilfarro, descarado robo, supina ignorancia e insolente arbitrariedad con la que se despide el sexenio de Enrique Peña Nieto, camuflado en un orden congelante donde parece eximido, exculpado e inmune ante el aplastante madrazo electoral con el que una inmensa de mexicanos han expresado democráticamente un hartazgo anquilosado y un repudio inmarcesible ante los pasados lustros de sangre que han mancillado la piel de un país que no merece volver a la amnesia cíclica, donde se refugiaron por décadas los políticos más nefandos, los funcionarios disfuncionales y las formas mas enrevesadas de la corrupción y  la mentira.

Deseo de corazón que la austeridad republicana que promete el nuevo régimen sirva de ejemplo para limar el ánimo enquistado de la vanidad y la presunción, la culturita del simulacro y la mentirita, la recia cadena de plagiarios exculpados que ahora publican églogas de resurrección simulada; deseo que se vuelvan invisibles los mismos de siempre, los ojéis de toda la vida y tanto gandalla que cree que tienen la razón. Deseo de corazón que ya no tengamos que escuchar a Belinda cantando en inglés y con mariachi, ni a Eugenia León con la paloma reloaded, y que se abone la memoria e imaginación de la generación que hoy mismo amanece ante un México que espero no caiga en la obligación patriotera del himno, las fanfarrias y el confeti.

Deseo que la austeridad republicana sirva de noble ejemplo a la inmensa masa de la medianía y el anonimato como freno al tradicional clasismo y racismo, abuso y chapuza de los que se creen flotar por encima de la ley, y deseo que prosiga la clara inventiva del meme y las benditas redes sociales, y la total libertad de expresión y la abierta libertad de asociación y la educación global, libre, laica y gratuita, y que las escuelas vuelvan a calibrar las materias de Historia, Geografía, Filosofía y Literatura a la altura con la que han glorificado el engendro de las Matemáticas y Mercadotecnia. Deseo también que haya un afán por escribir la crónica que más o menos consigne la verdad de tantas mentiras con las que han emborronado y emborrachado a México durante los pasados 12, 18 o 24 años, que se honre a los más de 100 mil muertos, y que se sepa dónde están los miles que ya no están aparentemente por ningún lado, y que se enfrente a las verdaderas cúpulas y estructuras dirigentes de lo que llaman crimen organizado, pero en un escenario donde se nos informe quiénes son de veras, y qué tanto suman los miles de millones de dólares con los que han lavado la cara de no pocos gobiernos municipales y estatales —si no es que también federales—, y que se ponga en evidencia el falso anatema de que una vedette de telenovela gana a lo largo de su corta y mediocre carrera dizque artística los millones de dólares que dicen que cuesta una casona de mal gusto, y que nos explique algún periodista sin mordaza alguna la verdadera trama de un gobernador obeso y demente que decía ser admirador del dictador Francisco Franco, cuya esposa se creía merecedora de abundancias, aún prófuga a plena luz del día en Londres… Pero, sobre todo, deseo que la llama de una larga conciencia ciudadana que llevaba décadas socavada o intimidada por diversas maneras de la represión o la ira se convierta ahora en el ánimo feliz de una construcción o reconstrucción pacífica de toda la basura que siempre se barría por debajo de las alfombras o en la boca de las alcantarillas, y que juntos podamos ir atestiguando el recuento diario de las jornadas donde cada quien haga lo que tiene que hacer y cumpla con la responsabilidad de sus responsabilidades, y entienda que no entiende lo que no entiende, y conceda que la cuadrícula de la participación ciudadana va mucho más allá del pulgar entintado al filo de las urnas, y se filtre como transpiración en cada poro de la piel con la que deberíamos echar la mano a partir de ahora, en una franca transformación que merece la oportunidad de, por lo menos, ponerse a prueba, sin objetar que el inmenso muro del escepticismo se yergue casi a la misma heroica altura de la ilusión con la que parece que hemos empezado apenas un nuevo día.

jorgefe62@gmail.com

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