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Domingo , 21.04.2019 / 23:14 Hoy

Crónicas urbanas

Un diamante en Iztacalco

Humberto Ríos Navarrete

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El guía en este esbozo es el hijo mayor, José Mira Martínez, quien se deja llevar por la voz de su padre, José Mira Estrella, de 86 años, en una retrospectiva cuyos primeros recuerdos se remontan a la década de los 40, cuando empezó a descubrir el mundo deportivo mientras vendía carnitas entre el estadio de la Ciudad de los Deportes y la Plaza México. Vivía en una vecindad de la colonia Escandón.

En su juventud se familiarizó con el beisbol, el futbol y el toreo, lo que le permitió conocer a personajes, nacionales y extranjeros, y tiempo después administró un equipo de balompié llanero —siempre al lado de su esposa—, que lo hizo acreedor al reconocimiento internacional por su tenacidad y disciplina; sin olvidar, por supuesto, su afición por el ciclismo, pues su padre, José Mira Carrillo, fue pionero en ese deporte.

Con otras personas fundó la colonia Ramos Millán, alcaldía de Iztacalco, y ahora su ánimo le renace al saber que pronto será inaugurado un nuevo estadio para el llamado Rey de los Deportes, que disfrutó en lo que ahora es el centro comercial Parque Delta, colonia Narvarte, que entre 1925 y 2000 sufriría mutaciones.

Tiene una memoria prodigiosa, pues recuerda pormenores de varios deportes y sus protagonistas; entre ellos, ídolos del futbol y del beis. Sus tres hijos nacieron en Iztacalco, donde habrá un nuevo recinto para las Grandes Ligas. Se trata del estadio Alfredo Harp Helú, la nueva casa de los Diablos Rojos del México. Dicen que es el más moderno de Latinoamérica.

Don José Mira Estrella le comenta a su hijo, del mismo nombre, que los Diablos y la afición se lo merecen. “Sería bueno traer una serie de Grandes Ligas, como en Monterrey, para delicia de los seguidores; esto traería capital y turismo”, comenta y ejemplifica: “En Monterrey habrá dos series y ya están agotados los boletos”.

Y cómo olvidar a Beto Ávila —dice, después de mencionar figuras estadunidenses—, primer jugador latinoamericano, segunda base de los Indios de Cleveland y campeón de bateo en la Liga Americana. El veracruzano jugó con Pericos de Puebla, dice.

Son abundantes las anécdotas de este hombre, contadas a su hijo José, como aquella de cuando salía de unos baños de la colonia y llamó su atención la forma de practicar boxeo de un jovencito en el gimnasio. Después sabría que era Carlos Zárate, El Cañas, quien se convertiría en una celebridad y amigo de la familia.

***

José Mira Estrella —1933— nació en una vecindad de la colonia Escandón. Es jubilado. Trabajó en una empresa llantera, donde empezó desde el puesto más sencillo, hasta llegar a los más altos.

Tenía 13 años cuando empezó como ayudante de una señora que vendía carnitas. Tenía su negocio entre el estadio de Ciudad de los Deportes y la Plaza México. Ya era seguidor del Atlante.

Le daban permiso de entrar al estadio. Así conoció a jugadores como El Tarzán Landero; a equipos como el Atlante, Marte, Asturias, el Racing de Argentina, Vasco de Gama, River Plate y el Ferencvárosi, donde jugaba el gran Ferenc Puskás.

En la Plaza México conoció a Luis Procuna y a Silverio Pérez. “Una sola vez vi al torero español Manolete”.

La memoria de José Mira Estrella se traslada a la calle José María Marroquí, colonia Centro. De adolescente visitaba una radiodifusora. Ahí conducía un programa el popular cronista deportivo Pedro El Mago Septién, quien le preguntó sobre la alineación del Racing de Argentina.

Le faltaban dos nombres de los 11, por lo que el auditorio le empezó a gritar al conductor:

—¡Mago, ayúdale al chavito!

El Mago accedió.

—Dónde comes, pero que no sea tu casa.

El joven contestó:

—En la calle.

—No. Dime otro nombre que no sea restaurante.

—Ah, fonda.

Fonda se apellidaba el jugador. En la segunda y última pregunta, El Mago le preguntó qué tenía debajo del pantalón.

—Ah, sí, ya me acordé: Calzoni.

Y así se ganó un boleto para el partido.

***

En aquella época —le dice don José Mira a su hijo— el racismo estaba muy fuerte en Estados Unidos y les prohibían jugar a personas de color, por lo que venían a jugar a la Liga Mexicana.

La única vez que se fue de pinta, recuerda José Mira Estrella, asistió a un entrenamiento de los Diablos Rojos y se ganó una pelota de beisbol, pero al agarrarla se lastimó la rodilla. Llegó lesionado a su casa, pero contento con su pelota de beis.

Las luchas en la Arena México también eran parte de su diversión juvenil. Entre otros, recuerda un personaje que subía descalzo, lo que aprovechaba su rival para lanzarle cigarros encendidos.

Otro deporte que disfrutaba de niño era el jai alai, en el Frontón México, donde “la rivalidad entre México y España era muy fuerte”. A los niños solo los dejaban entrar con adultos. Él pedía el favor a una persona mayor y lo pasaban sin problema.

En el tenis fue recogebolas en el Junior Club —antes de que existiera el Deportivo Chapultepec—, que estaba en la colonia Escandón. Conoció a jugadores como los hermanos Pajarito Reyes.

En el terreno del boxeo conoció a grandes de ese deporte, como Mike Wiliams, “reconocido como un noqueador contundente”. Y por la radio escuchó peleas de Joe Louis y George Parnasus.

A los 16 años practicó ciclismo, como su padre, quien fundó el equipo de la Dirección de Policía y Tránsito del Distrito Federal. Participó en la carrera México-Necaxa, en Puebla, donde se codeó con famosos de ese deporte.

Ya retirado, instaló un taller de bicicletas en las calles de Cuernavaca y Campeche, colonia Condesa, y después fue presidente de uno de los mejores equipos llaneros, el Granjas México, a cuyos jugadores, 30 en total, apoyaba con pasajes y uniformes, junto a su esposa Belem Martínez.

Ahora atiende su papelería y mantiene una disciplina a prueba de temblores. Y más: “Soy atlantista desde mi infancia”.

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