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Domingo , 21.04.2019 / 17:22 Hoy

Crónicas urbanas

“Ser más humanos con los animales!”

Humberto Ríos Navarrete

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La asociación civil Protección del Perro Callejero fue fundada hace 40 años por Artemio Maya Pindter, de profesión ingeniero, quien ha rescatado perros cuyas vidas peligran, incluso ha corrido en su auxilio mientras están a punto de ser ejecutados por verdugos con salarios.

Lo saben bien Lupita y Ade, quienes desde hace seis años son encargadas de ProPerro, sin que pierda contacto Maya Pindter, que ha dedicado parte de su vida a esa labor. Sabía bien a quiénes confiaría la tarea, pues era necesario que los responsables tuvieran sensibilidad.

Todo empezó en 2001, cuando dos jóvenes, María Guadalupe Guerra y Adelina Hernández, caminaban por la calle Venustiano Carranza, en Cuautepec Barrio Bajo, en Gustavo A. Madero, cuando se detuvieron a observar un local donde había jaulas con cachorrillos.

Era, es, el Centro Médico Veterinario. En ese momento se aproximó Maya Pindter, quien les hizo una invitación para que fueran voluntarias en un albergue, situado en Barrio Alto, colonia Lomas Las Palmas, y hace seis años hizo directora a Lupita, quien, junto con Adelina se encargan de administrar y vigilar de que todo esté bien en el refugio.

Lupita renunció a su empleo en una empresa de materiales para el mejoramiento del hogar y de construcción. “No me dolió dejar mi trabajo”, recuerda, “porque fue como tener a cambio una guardería con más de 80 niños que se pelean por los juguetes, la comida y el cariño”. Y confirmó algo más: “Nos hace falta ser más humanos con los animales”.

Gustavo A. Madero es una de las demarcaciones, igual que Iztapalapa, con más perros callejeros. Nada más es cosa de recorrer las calles empinadas y planas y ver en esquinas y banquetas el cansino balanceo o el sesteo de perros de raza y criollos, algunos sarnosos y otros con evidencias de maltrato, como los rescatados por María Guadalupe y Adelina.

Pero ya no tienen espacio para más perros en el albergue, donde se vieron obligadas a construir una zona alambrada para gatos.



***

Algunos cachorros, los más pequeños y enfermos, son llevados a casa por María Guadalupe y Adelina, que tienen su domicilio en Cuautepec Barrio Bajo, cerca del cual encontraron hace poco una caja de cartón y un letrero que las dejó pasmadas: “Tome uno”. Se asomaron y había crías de gatos.

—¿Así nada más?

—Así, como si se tratara de folletos. Los gatitos estaban infectados de los ojos. Mire: si los dueños esterilizaran sus gatos, en lugar de abandonarlos, ya no tendrían camadas. Ya no extraña tanto abandono de animales.

Su expresión se corrobora cuando se observa frente al albergue el ir y venir de perros, uno de ellos bóxer; más abajo, otros tantos, la mayoría pequeños, como el pinto que camina con tres patas, pues está fracturado. Busca migajas. “Dejan perros en costales, en bolsas o amarrados; todo, por la ignorancia de la gente”, dice María Guadalupe

El albergue de ProPerro carece de letreros, pues no quieren que lo vean como depósito, y aún así es confundido con bodega; hay quienes piensan que es obligación de ellas hacerse cargo. Incluso les han reclamado y hasta amenazado con denunciarlas ante la autoridad.

ProPerro tiene un Centro Médico Veterinario —recuerda María Guadalupe—, donde ofrecen consultas y esterilizaciones a bajo costo, con la intención de que lleven sus animales.

“De hecho —refiere— las delegaciones, ahora alcaldías, tienen módulos de esterilización gratuitas, pero la gente no los lleva; también hay que derrumbar el mito de que perros y gatos deben tener, mínimo, una camada para que no les dé cáncer. Eso es totalmente falso”.

Y más sobre la inopia.

“Mucha gente no sabe lo que es un antirrábico —comenta— y abandona sus animales en las puertas de esos centros, porque cree que los van a dar en adopción cuando en realidad son centros de exterminio, donde los mantienen 72 horas para después

sacrificarlos”.



***

—¿Qué se necesita para adoptar un perro o un gato?

—Primeramente —responde María Guadalupe Guerra— que toda la familia esté de acuerdo en adoptar, llenar un formato de adopción, presentar copia de la credencial para votar y de un comprobante de domicilio y aceptar visitas de seguimiento...

Un ejemplo de que son necesarios tales requisitos se encuentra a tiro de piedra del albergue: A Karen, una joven que espera afuera de una veterinaria, le robaron una perra mestiza y ahora quiere adoptar un pastor belga de tres meses, que fue abandonado y sufrió maltrato. Lo llevó a su casa, pero la abuelita la recibió con un “yo no quiero perros”.

El cachorro tiene una fractura en la cuenca del ojo y lesiones en cuello y cráneo. “Mucha gente los echa a la calle pensando que los van a recoger, pero son atacados por otros perros”, comenta María Guadalupe. “No porque sean de raza se salvan del maltrato y el abandono”.

Lupita muestra las imágenes de cachorros para comparar la diferencia de antes y después de ser abandonados: desnutridos, sarnosos, golpeados, heridos; después, vivarachos, juguetones...

La transformación es sorprendente. Uno de los perros es cruza de pitbull y ya fue adoptado por una familia.

“Quedan muy agradecidos de que les curen las heridas, de que los alimentemos. Es parte de nuestra labor”, dice e insiste en exponer las imágenes. “Con rescatar un animalito —esboza— no vamos a cambiar el mundo, pero sí vamos a cambiar el mundo de ese animalito”.

—Hay muchos perros callejeros.

—Donde pongas los ojos ves un animal; y es que también hay muchas personas que los sacan por las mañanas para que defequen y busquen comida, y en las noches les abren la puerta para que cuiden las casas.


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