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Jueves , 25.04.2019 / 07:08 Hoy

Crónicas urbanas

¿Por qué le disparan a mi pueblo?

Humberto Ríos Navarrete

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Fueron desalojados y despojados y no tuvieron más alternativas que viajar a Ciudad de México e instalarse frente a Palacio Nacional. Son de los estados de Guerrero y Chiapas, pero el mayor número, hombres, mujeres y niños, viene de la primera entidad, de las regiones Sierra y Montaña, donde comunidades están en manos de grupos criminales, algunos de ellos presuntos policías comunitarios y otros de la delincuencia organizada.

El 11 de noviembre de 2018, a las 12:30, varios hombres armados llegaron echando balas en sus pueblos. Decían que iban a “poner orden”, pero saquearon y quemaron casas en Filo de Caballos, región de la Sierra, estado de Guerrero, y muchas familias buscaron refugio en Chichihualco, cabecera municipal del ayuntamiento de Leonardo Bravo.

Estuvieron cuatro meses en un auditorio. Les brindó ayuda la alcaldía mientras esperaban condiciones propicias para regresar a sus comunidades, pero se cansaron de esperar, dice María, quien junto con otras familias viajó a Ciudad de México para plantarse frente a Palacio Nacional.

Ahora exigen al gobierno que se pacifique su región. Dicen que ya se reunieron con Alejandro Encinas Rodríguez, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, y después se entrevistaron con algunos de sus colaboradores, quienes les dijeron que el presidente Andrés Manuel López Obrador estaba molesto porque no resolvían el problema.

Hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos acampan bajo cobertizos y casas de campaña; los infantes juegan y reciben clases por parte de estudiantes chiapanecos de la Escuela Normal Indígena Intercultural Bilingüe Jacinto Canek, que desde septiembre de 2018 fueron desalojados, aseguran, por “grupos de choque”.

Los nativos de la Sierra guerrerense tienen como vecinos en sus casas de campaña a gente de la Montaña. Entre ellos está Víctor Erasmo y su familia, de la comunidad de Tlaltempanapa, municipio de Zitlala, de donde él y otras 72 personas salieron a pie durante una noche del pasado mes de noviembre. Huían de un grupo criminal atrincherado en esa comunidad. “Viven frente a mi casa”, dice Erasmo.

***

Entre los desplazados de la Sierra está María. Es madre soltera. Tiene dos hijos, hombre y mujer, de 15 y 17 años. Esta última estudia la preparatoria en línea, pues dejó los estudios debido al problema.

Asegura que dejaron todo. “Así como nos ves ahorita”, dice, “así salimos: sin un papel, sin una fotografía de recuerdo. Ni ropa ni zapatos, ni un calzón para cambiarnos al otro día. Con eso te digo todo. Dejamos animales... Bueno, yo me dedico al comercio: vendía trastes, alfarería, cubetas, ollas, cazuelas, objetos de barro, cacerolas, vaporeras”.

Los demás tenían vacas, marranos, chivos, siembras de chiles, cultivaban flores de alcatraz, aguacates, capulines, duraznos. “Y tú sabes que mientras Dios nos dé maíz y frijol, siempre vamos a tener de comer”, dice esta mujer, de voz recia, mientras saborea costillas de cerdo en salsa verde, el plato sobre la banqueta y ella en una pequeña silla.

Las mujeres y niños viajaron en carros; los hombres tardaron seis horas caminando hasta la cabecera municipal.

—¿Y por qué los desalojaron?

—Ellos dicen que somos criminales. ¿Entonces por qué el gobierno no viene y nos dice: sabes qué, te voy investigar porque tú eres un criminal? Pues investígame. Pero si no tengo culpa, tú obligación es regresarme a mi pueblo. Si yo no soy un personaje conflictivo, ¿por qué tienen que sacarme de mi pueblo? ¿Por qué le disparan a mi pueblo?

—¿Y por qué contra ustedes?

—Ellos dicen que nosotros somos criminales, pero ¿por qué no dicen la verdad de lo que quieren? Ellos quieren seguir extorsionando a los dueños de unas minas que están en Xochicalco. Una se llama Medialuna, en Carrizalillo, son de americanos. Nuestro pueblo es el único acceso para llegar.

—¿Y los invasores son de ahí?

—El grupo armado es de Heliodoro Castillo. Es diferente a nuestro municipio. Pero algo muy condenable es si tú vienes a poner paz, ¿por qué llegas disparando al aire y a las casas? Mataron a un muchacho que se quedó en su casa.

—¿Qué porcentaje de la población salió?

—Casi como 50 por ciento de 350 familias. De Campo de Aviación, otra comunidad, salió casi 80 por ciento.

—Entonces se quedaron casas solas.

—No, hombre, están vacías. En nuestros pueblos se vive una gran tristeza; oiga, porque ni perros hay. Hasta los perros se llevaron, amigo, y también camas, colchones, cobijas, ropa, zapatos, trastes, roperos, alacenas, lavadoras, licuadoras, estufas; nosotros, aunque estemos en la Sierra, no somos fodongos, nos gusta tener nuestras cosas, aunque sea humildemente y con mucho trabajo, porque sí trabajamos.

—¿Y no se van a ir hasta que les solucionen?

—No. Porque queremos que nos atienda el señor Presidente y de su propia voz diga: “Saben qué, espérense dos, tres, cinco meses y voy a replegar a esos cabrones y ustedes van a entrar a sus pueblos con la seguridad permanente”. Eso es lo único que queremos.

—Pero eso no es fácil.

—No es fácil, pero tiene toda la inteligencia del mundo: tiene gobierno, tiene armas, tiene todo.

***

Erasmo, un anciano de la comunidad de Tlaltempanapa, municipio de Zitlala, salió la noche del pasado 4 de noviembre, acompañado de su esposa, hijas y nietos; otras 72 familias habían salido un día anterior por el mismo motivo: criminales “que matan a la gente”.

Los matones son alrededor de 25, con edades de entre 20 y 25 años que acosan a la población. “Yo oí las palas y los picos cuando enterraban...”, dice el anciano. Y empezó el éxodo.

De tres mil 800 habitantes, dice, quedan unos 100. “También matan a las mujeres esos pendejos”, dice. “A otros les quitan sus carritos; tienen cuatro carros, pero no son de ellos. No quieren trabajar y se quedan con las casitas de los otros. Se aprovechan”.

Erasmo y su familia prefieren ser reubicados en otro lugar. “Así como estoy parado, con mi camisita, con mi morralito caminamos toda la noche en el monte, sin tortilla, hasta que llegamos a Copalillo”.

Y de ahí frente a Palacio Nacional.


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