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Viernes , 26.04.2019 / 00:52 Hoy

Crónicas urbanas

Operación rescate en la Caracol

Humberto Ríos Navarrete

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Tenía poco de haber caído la noche. En la colonia Caracol, alcaldía de Venustiano Carranza, había calma hasta que "El dúo dinámico", como llaman a los policías Francisco Javier Martínez González y a Zaida Reséndiz Flores, ambos de 35 años, recibieron el reporte de que había desaparecido una mujer. Él iba al mando y al volante de la patrulla, por lo que más tarde dirigió una operación que crisparía el ambiente.

Martínez González inició su función hace 10 años en la entonces Secretaría de Seguridad Pública, ahora de Seguridad Ciudadana, donde el pasado día 11 le hicieron un reconocimiento y lo premiaron con 50 mil pesos. La verdad es que no era la primera vez que el policía segundo participaba en un hecho de similar magnitud, aunque sabe que su obligación es atender cualquier tipo de acontecimiento.

Por eso sus servicios los ha prestado sin esperar recompensa, y está consciente de que a nadie le caen mal 50 mil del águila; y si de eso se tratara, colige el reportero, ya llevaría más premios, luego de escuchar más hazañas, como la ocurrida una noche de septiembre de 2018, cuando detuvo al integrante de una banda dedicada a chocar vehículos y culpar a las víctimas, chantajearlas a ellas o las familias.

Lo narra sin jactancia, solo porque sale a relucir el tema; como también lo hace con otro caso, sucedido en la misma zona, cuando tuvo que meter en razón a un oficial de la Armada de México, después de que éste le disparara en la pierna a uno de dos delincuentes que pretendían despojarlo de su auto frente a su domicilio, mientras se despedía de su esposa.

En aquella ocasión Martínez González no solo convenció al militar de que le entregara el arma, sino tuvo que lidiar con vecinos que pensaban rematar al delincuente herido. Poco después llegarían los compañeros del policía para reforzar la seguridad, igual que miembros de la Marina para asesorar al oficial, quien quedaría libre después de hacer su declaración.

Pero lo ocurrido la tarde-noche del pasado 19 de enero, cuando iniciaba el servicio de vigilancia, fue más una labor de investigación y de dar confianza al presunto secuestrador y a la enardecida multitud.

***

Ese día, a las 19:30, Francisco Javier Martínez González y Zaida Reséndiz Flores iniciaban el turno en la colonia Caracol.

Una familia, en la calle Langosta, hizo señas de que frenaran. Les dijeron que tenía 40 minutos de que no aparecía una muchacha. Lo primero que hizo la pareja fue reportarla para que accionaran la Alerta Amber y les pidieron sus números telefónicos a familiares, en tanto ellos continuaban en el rondín. "Estamos en comunicación".

Diez minutos después recibieron una llamada: "Somos los familiares de la emergencia y queremos platicar con ustedes". Estaban cerca, llegaron rápido y escucharon: "Nos dijeron que había una persona sospechosa que checando el vehículo donde estaba nuestro familiar". De inmediato indagaron el domicilio. No quedaba lejos.

Tocaron la puerta pero no hubo respuesta. La familia conocía al dueño de la vivienda y los llevaron su domicilio. Explicaron la situación y les permitió pasar. Tocaron varias veces la puerta del cuarto. Martínez pensó que no había nadie. Interrogaba a la familia afligida cuando escuchó a Reséndiz Flores:

—Se asomó alguien.

Y volvió a tocar. El presunto entreabrió la puerta y se asomó. El policía le dijo: "Ábrenos, no te va a pasar nada; el que nada debe, nada teme". Lo secundó el dueño de la vivienda: "Abre, por favor".

Silencio.

Y se iluminó el cuarto.

El dueño asintió:

—Rompan el vidrio.

—Si nos da su permiso, lo haremos —advirtió el policía y luego alzó la voz— Sabes qué: vamos a romper el vidrio.

—¡Váyanse, porque si no los voy a matar! —amenazó.

Eran las 20 horas. Del cuarto apenas se filtraba un resplandor. No se sabía si el sospechoso estaba armado y la muchacha muerta o viva, pues les habían dicho que la víctima, de 38 años, padecía una discapacidad y no hablaba. Muchas preguntas giraron en sus cabezas.

—Pide apoyo —dijo Martínez González a su compañera—, porque qué crees: la gente ya se está juntando afuera.

—Sí —respondió Reséndiz Flores, quien añadió—, y sabes qué: yo creo que está allí adentro la muchacha.

—Yo también lo creo, pero mejor vamos a pedir apoyo, porque si él está adentro, ahorita nos lo van a querer quitar y tratar de lincharlo. Tú háblale al director y yo al comandante.

Afuera la gente aullaba.

—Ya déjate de cosas y abre la puerta; y si no, a como tope: vamos a romper el vidrio —advirtió Martínez.

Rompieron el vidrio y el presunto abrió la puerta. La pareja sacó sus armas. Los jefes llegaban al lugar. Entre ellos Orozco.

El presunto asomó con las manos hacia atrás. Afuera la gente gritaba. Eran alrededor de 50 vecinos que lanzaban insultos.

—Enséñanos las manos, ya salte...

—Queremos a platicar contigo —intercedió Orozco.

—Yo no hice nada, los voy a acusar.

Y el presunto, alto y de amplias carnes, se distrajo un segundo y Martínez González aprovechó para saltar y someterlo, mientras su compañera entraba al cuarto e informaba: "Aquí está la muchacha".

Pidieron más refuerzo policiaco. Martínez González puso los candados de mano al sospecho y olfateó una mezcla de alcohol y algún otro ingrediente; luego, pidió que llamara a la madre de la víctima, con la idea de atenuar la masa, de la que hasta ese momento ignoraban el grado de enojo.

"Mi niña", dijo la madre al ver a su hija, mientras la abrazaba.



***

En la calle había una valla formada por unos 15 policías y seis patrullas, en medio de las cuales estaba la de Francisco Javier Martínez González y Zaida Reséndiz Flores, a quienes en las agencias del Ministerio Público también les llaman La pareja infernal.

Martínez González y Reséndiz Flores metieron al sospechoso al auto policiaco y, procurando ni siquiera rozar a nadie, ni que alguna persona dañara la patrulla, escoltados, enfilaron a la Agencia Especializada en Delitos Sexuales, en la alcaldía Venustiano Carranza.

Después sabrían que afuera algunos decían que los policías protegían "al secuestrador", sin que les pasara por la cabeza que la negociación era tensa. "Hubo un lapso en que yo solo estaba dentro y mi compañera afuera, tratando de calmar a toda esa gente. Nos coordinamos bien, pues ya llevamos dos años de pareja".

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