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Domingo , 21.04.2019 / 17:21 Hoy

Crónicas urbanas

Ayudar a los sin techo, un "deporte" extremo

Humberto Ríos Navarrete

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Martín Pérez Montañés es un hombre de aspecto rudo, pero su pinta solo sirve para alzar la voz cuando le pierden el respeto, o, en casos extremos, para soltar un pescozón, pues siempre se mueve en terrenos inciertos. La suya es una labor que le gusta demasiado, además de que es su deber como servidor público: ayuda a desvalidos, gente sin techo, mientras usa palabras suaves; hay muchachos, sin embargo, movidos en su contra, aunque parece no percibirlo como un serio peligro. El caso es que el pasado martes 18 estuvo a punto de ser picado en la yugular.

A eso del mediodía le avisaron que entre las calles Puente de Alvarado y Rosales había problemas; pasó y echó un vistazo, pero no vio nada irregular; luego, enfiló sobre avenida Hidalgo, hasta Paseo de la Reforma, hizo algunas maniobras y llegó frente al inmueble que durante años fue el Teatro Blanquita. Empezó a platicar con algunos chicos. Les comentó que era importante limpiar el espacio y los invitó a ir por cobijas a la alcaldía, donde también reparte cenas. Martín es conocido por la mayoría de la población sin techo y por dueños de negocios que saben bien de su labor.

En eso estaba cuando:

—¡Aguas, Martín!

Martín Pérez volteó y en un relampagueo vio venir la punta de un picahielo, alzó el brazo derecho para cubrirse el rostro y sintió el primer piquete en la axila; luego, otro, en la misma zona del cuerpo, y logró soltar una cachetada contra su agresor, quien tropezó, cayó, se levantó e inició la huida; algunos de los demás jóvenes empezaron a corretearlo, pero el otro pudo escabullirse entre callejuelas, muy cerca de un mercado.

Los muchachos se molestaron porque "no se valía" que, después de que Martín les ofreciera apoyos —ropa y comida, incluso recomendarlos para trabajar— todavía lo agredieran.

El servidor público, en lugar de ir con el médico, regresó a su oficina de la alcaldía de Cuauhtémoc y continuó entregando cenas y ropa con motivo de la campaña de invierno. Traía la camisa salpicada de sangre.

Por la noche fue al médico, en el Estado de México, “y me echaron cuatro puntos en cada piquete; me sacaron radiografías y me dijeron que era de siete centímetros de profundidad cada piquete —se ladea para mostrar las vendas—, me dieron medicamento y me encuentro trabajando”.

No es la primera vez que Martín Pérez Montañés es agredido, a lo largo de casi 25 años, “ya que algunos chicos se alocan”, justifica, y comenta que la mayoría de los muchachos es agradecida. Lo que no le parece es que sean manipulados “por otros intereses”.



***

En su página de Facebook, Martín Pérez Montañés, quien usa el nombre de Martín Situación de Calle, muestra una foto de él con la playera salpicada de sangre a la altura de la axila, y, en respuesta a sus seguidores, escribe: “Es el riesgo que llevamos con los chicos cuando se alocan: dos piquetitos debajo del brazo, pero todo bien”.

Los seguidores, a su vez, envían “bendiciones” y le recomiendan “cuidarse mucho”. La señora María Teresa Valencia, por ejemplo, escribe: “Muchocolate, cuidado SR. Martin, sabemos que son riesgos que corre por su trabajo, ojalá se lo recompensaran”.

Juan José Espíndola Serrano le sugiere cuidarse y que “se recupere pronto”. Elva Mirna Barroso le manda “un abrazo muy fuerte y mil bendiciones”. Martha Patricia Pérez Saldaña: “Cuídese sr Martín que Dios lo proteja siempre saludos”.

Victoria Gutiérrez de Ramírez: “Martín, qué susto para tí y tu familia. Gracias a Dios! que estás bien ...gracias por compartir”. Mercy Valdovinos Amix: “Awww eso es lo que debe valorar nuestro gobierno. Hay trabajos que no les dan los recursos necesarios, ni la importancia requerida, su labor no es nada fácil”.

Juanadai Canales: “Martín, qué mal, cuide siempre su integridad, su trabajo es muy importante y como ayuda a toda esa gente, pero no se confíe, qué bueno que no fue nada grave, saludos!!!” Sonia Torres Contreras: “Amigo, es necesario que te cuides y veas a un doctor”.

Teresa Álvarez: “Don Martín, cuídese mucho, qué trabajo tan difícil y riesgoso, lo que la gente no ve y valora porque usted tiene una familia. Usted sabe aser (sic) su trabajo y siempre cuidando de estas personas. Dios quiera y no haya consecuencias de infección. Dios le mande pronta salud y cuídese mucho”. Nina Oliver: “Hola, restablécete pronto que la virgen de Guadalupe te cuide”.

Carmen Estrada Velázquez: “Me da tristeza. Pero gracias a Dios, todo bien. Le aprecio mucho a usted y su noble labor. Saludos de parte de mi esposo”. Mercedes Martínez Villar: “Cuídese mucho, los muchachos son peligrosos cuando están drogados. No se arriesgue. Lo admiro por su labor”.

Zozer Santana: “Su labor es sin duda bellísima. Ayudar a otros conlleva riesgos pero ángeles como ud. muy pocos en el mundo, lo admiro. Abrazos”.

Liz Palma: “Martín Situación de Calle, atiende esa herida y monitorea glucosa espero descanses, recuerda lo que te dije la vez pasada: para poder seguir ayudando, hay que darnos prioridad, cuídate, y te tengo unos muñecos para tus chicos”.

Y muchos más saludos.



***

Martín Pérez no suele denunciar las agresiones en su contra, “porque al final de cuenta —reflexiona— sabemos que los chicos en cualquier momento salen; a este, por ejemplo, lo hemos andado buscando y ya se movió; es gente que agrede y se va. Esa zona es considerada como un punto rojo manejado por un grupo de delincuencia muy fuerte”.

—Pero es una agresión con arma blanca, ¿por qué no denunciar?

—Pues la verdad en esos momento no pensé en denunciar. Nos han sucedido varias cosas. En una ocasión me dieron un hachazo.

—¿Un hachazo?

—Así es. En otra ocasión me dieron con una varilla, y nunca he denunciado, ¿por qué?, porque al final de cuentas no procede nada; o sea, nunca agarran a los chamacos.

—¿Los otros cuándo fueron?

—Hace seis años me dieron un hachazo. Fue por la calle Matamoros y Peralvillo, colonia Morelos. Igual: invitando a los chicos que hicieran limpieza, porque hay mucha basura, y de momento salió alguien con el hacha que aventó y se fue girando y me pegó en el tobillo. Por poco pierdo el pie.

Así es Martín Pérez.



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