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Jueves , 19.07.2018 / 10:37 Hoy

Con todo respeto

30 años de intentos. 1ra parte

Horacio Castellanos Herrera

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Andrés Manuel no pensó en buscar la presidencia meses antes de la elección del 2006, no. López Obrador pensó en ella desde que ganó la elección como Jefe de Gobierno en el 2000, su primer triunfo electoral. Desde entonces a la fecha, comenzó a trabajar en ello.

Sin embargo, el triunfo de AMLO en la capital, aquél entonces, no fue “un mero trámite“, sino todo lo contrario: lo ganó en medio de la controversia que acompaña a sus participaciones electorales tras un empate técnico declarado por la autoridad contra su contendiente Santiago Creel Miranda, a quien terminó venciendo tras aplicarle su gustada técnica del “voto por voto“. Así, López se convirtió en el 2do Jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido mediante una elección, y el tercero al orden tras el interinato de Rosario Robles a quien dejó en el cargo Cuauhtémoc Cárdenas, el año anterior.

Tras el arranque del gobierno obradorista, AMLO comenzó a trabajar en lo que mas importaba para intentar competir en una elección presidencial: fama a nivel nacional. Para ello, La estrategia que implementó fue buscar darse a conocer en el país para comenzar a construir su cometido. Para ello, orquestó una pugna legal contra la figura política del momento, la más popular a nivel nacional,: Vicente Fox. El tabasqueño comenzó a hacer ruido en la escena mediática con un tema de pacotilla, un tema que pondría en la discusión pública nacional sin que fuera ni el más importante ni necesariamente hubiera de ganar su debate, pero que en el camino le diera presencia y atención “gratuita“ en el territorio nacional. Fue así como escogió el entonces novedoso “horario de verano“, mediante el cual alegaría que este no beneficia a todos.

Sin embargo, la verdadera batalla no dependía de consumar el hecho, ni de que tuviera respaldo la discusión, no. Lo que él y su grupo habían visualizado era enfrentarlo con quien en verdad tenía fama popular y nacional, y además un par de medallas que él también buscaba sumar a su carrera política: conseguir el cambio político y hacer sucumbir al PRI y a su hegemonía presidencial.

En la controversia creada por AMLO en torno al horario de verano, él solo buscaba “notoriedad“, pues si bien el presidente del país era el responsable de haber puesto en marcha el ahorro eléctrico nacional, el conflicto solo podía dirimirse en una sala del Tribunal Superior, y ello mediante una Controversia Constitucional, la cual AMLO y su equipo prepararon afanosamente. Empero, tras su presentación y análisis en el máximo tribunal, los magistrados rechazaron la petición de AMLO. Para entonces, el objetivo del entonces Jefe de Gobierno del DF ya había alcanzado el conveniente punto climático: darse a conocer a nivel nacional “colgado“ de la imagen del hombre que seguía acaparando la escena nacional: Fox. Para entonces, una inédita y adelantada campaña presidencial había iniciado ya, y los encuestadores comenzaban a dar cuenta de ello.

A mediados del sexenio en curso, en 2003 la elección intermedia mostraba la vigencia de “el cambio“ convirtiendo en “blanquiazul“ la mayoría de los congresos locales así como al H. Congreso de la Unión. Esa fortaleza decidió al neo Gobierno Federal en curso, en especial a foxistas y no foxistas, a asegurarse de que las presumibles preferencias de la gente por AMLO no tuvieran posibilidad alguna de ponerle la Banda Presidencial. De esa manera, comenzaron los embates legaloides contra AMLO: que si el chofer de AMLO, que si el predio de El Encino, que si el Paraje San Juan, que si su departamento de Copilco, que si Ponce, que si Bejarano… y todo ello sólo tuvo un impacto: el incremento de las preferencias de la gente sobre el Peje, y más en él como víctima del poder que como candidato.

Pero para entonces, el daño estaba hecho y las intentonas del Gobierno Federal, que “hasta a la PGR le había mandado“ no hicieron más que escribir el guión telenovelero más favorable para la estrategia populista de AMLO: convertirse en perseguido político. Paradójicamente, a decir de él mismo, ni siquiera buscaba la presidencia del país, lo que trascendió en la célebre frase de “a mí, denme por muerto“.

Embates chicaneros, desafueros político y escándalos mediáticos no hicieron sucumbir al todavía Jefe de Gobierno, quien para entonces, solo ganaba mayor presencia con ello. Entonces, llegó el momento ideal para echar a andar un complemento de la estrategia: una inusual y tempranera conferencia de prensa diaria, que además de ayudarle a dar respuestas expedita a las controversias del momento, también le daba presencia mediática a discreción. Así, llegó a mediados del 2005 cuando pidió licencia al cargo sin confirmar que ello se debiera a la preparación de su campaña presidencial. Para entonces, ya acumulaba más de dos años en el 1er lugar de las preferencias electorales de diversas encuestas. Meses después, él y su partido anunciarían su candidatura. Y aunque el resultado ya lo conocemos, lo cierto es que esa derrota se dio en condiciones personales muuuy distintas a la que estaban por ocurrir 2012, y esas aún más distintas que las de ahora en 2018, pues su vida personal, en muchos sentidos, alcanzó un giro de 180 grados… el mismo cambió que dio el resultado de la elección presidencial del 1ro de julio pasado.

A pesar de ello, lo ocurrido en ese periodo de tiempo, del 2000 al 2006 y de ahí al 2018, representa la recta final de lo que comenzó en 1988, hace 30 años ya, cuando aquel 6 de julio, y a decir de los que saben, se cometió el fraude electoral más importante de la historia política del país y que a la postre dio lugar a que hoy un tan malogrado como revolcado grupo social de izquierda alcanzara la presidencia del país con el honroso e histórico voto mayoritario de la ciudadanía mexicana. Sin embargo, materializar las expectativas sociales durante el siguiente sexenio, eso sí será el reto más importante de AMLO.

con.todo.respeto@live.com

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