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El Manubrio

Odiamos los 50 km/h

Héctor Zamarrón

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Hay cinco o seis avenidas de CdMx donde me siento estúpido cuando manejo al límite de 50 kilómetros por hora que marca el Reglamento de Tránsito. Me pasa en Insurgentes Sur, a la altura de CU; en avenida Zaragoza, saliendo hacia Puebla; en algunos tramos de avenida Revolución, en Oceanía rumbo a Ecatepec, etcétera.

Ahí es difícil respetar la regla de velocidad, cuesta claxonazos, miradas agresivas de otros conductores e incluso a veces uno llega a sentirse en riesgo ante todos los demás que violan el límite sin preocuparse, porque tienen placas del Edomex o de Morelos.

Molesta y más por desconocer las razones. Porque parece una ocurrencia de burócratas desocupados.

Nadie nos ha dicho que bajar las velocidades urbanas a 50 km/h salva vidas, ni que es una recomendación del decenio de seguridad vial. O que si por desgracia atropellas a una persona a 50 kilómetros o menos, aún tiene posibilidades de sobrevivir, de lo contrario no.

Tampoco nos explicaron que esa reducción está pasando en todo el mundo. Así lo hicieron en Chile, en España, en Francia, en Alemania y en muchas otras ciudades del mundo.

Menos sabíamos que al reducir la velocidad y calmar el tráfico, paradoja, mejora la velocidad promedio. Sí, es contraintuitivo pero ya no tenemos a racimos de automovilistas corriendo de un semáforo a otro sino un flujo más ordenado que se reparte en toda la superficie vial.

¡Ah! y de la reducción en la capacidad de visión ni hablamos. A mayor velocidad, menos campo visual, menos capacidad de reacción y mayor intensidad de las lesiones. Un auto veloz es maravilloso, pero puede volverse un arma mortal.

Y falta decir que acelerar a veces ni siquiera es culpa nuestra, sino de un mal diseño de calles y avenidas que invitan a pisar el acelerador, sin embargo, tomará una generación al menos transformar de nuevo nuestras ciudades.

Por eso, aunque me disgusta, procuro observar los límites de velocidad y, siempre que puedo, exhorto a quienes aceptan escucharme a que lo hagan, aunque no me toca andar de pastor ni de explicador, pero si a quienes les corresponde no lo hicieron, pues no queda otro remedio.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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