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Sábado , 23.03.2019 / 04:44 Hoy

Sentido contrario

La maestra del Gabo

Héctor Rivera

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Alguna empleada desmemoriada había pintarrajeado en la pared el número telefónico de Gabriel García Márquez. Gabo, decía con pequeñas letras rojas, y abajo algunos números del teléfono de una casa de seguridad del protocolo cubano. En esa pequeña oficina estaba concentrada la información oficial y extraoficial sobre lo que ocurría en Cuba a finales de los años 80. Pero cuando uno pedía un dato, una fecha, un número telefónico la respuesta era una excusa y una promesa. No lo sé, pero lo consigo pronto. Puro cuento, de manera que memoricé los números y me fui a mi cuarto de hotel. Comencé a llamar a la casa del autor de Cien años de soledad. Nunca se puso al teléfono para acordar la entrevista que le pedía.

Una mañana lo encontré saliendo del garaje de una empresa de renta de automóviles. Tenía cara de que los cangrejos estaban prendidos de los dedos de sus pies desnudos. No podía echar a andar un diminuto auto. Picaba un botón y se activaban los limpiadores, picaba otro y pitaba el claxon, pero el motor no encendía. Me acerqué a la ventanilla, lo saludé y le pedí la entrevista. Me miró con su cara mordisqueada por la furia y me respondió con evidente impaciencia: tengo por delante 120 entrevistas. Le contesté como si nada: por favor, ponme en el lugar 121 de tu lista. Mi ocurrencia no le hizo la menor gracia. Me miró con cierto desprecio y en el enojo consiguió echar a andar el automóvil.

Para provocarlo, le había explicado cuál era el tema central de la entrevista: quería que habláramos sobre el cine que se hacía a partir de su obra literaria. Casi todo muy malo. Por supuesto, solo conseguí atizar su mal humor.

Nunca hicimos la entrevista. Han pasado un montón de años desde entonces y sigo pensando lo mismo: el cine está peleado con la literatura de García Márquez. He visto muchos intentos y solo rescataría unas cuantas cintas. Me gustan, por ejemplo, La fábula de la bella palomera, de Ruy Guerra, y El verano de la señora Forbes, de Jaime Humberto Hermosillo. Me parece horrenda en cambio Un señor muy viejo con unas alas enormes, de Fernando Birri, a la cabeza de un enorme catálogo de películas fallidas emprendidas por cineastas de prácticamente medio mundo y de todas las calidades profesionales.

Aunque todos quieren llevar al cine Cien años de soledad, muchos debieron conformarse con un cuentito, una anécdota pequeña o lo que sea con tal que esté asociado con el más celebrado autor del continente. Pareciera un negocio seguro. Sin duda es lo que habrán pensado muchos, como los productores de la cinta que ahora se anuncia para emprender su filmación el año próximo. Se trata de una historia sobre García Márquez y su maestra de la primaria. Qué horror.



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