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Viernes , 26.04.2019 / 03:21 Hoy

Entre pares

Unanimidad sospechosa y “cuerpos de reserva”

Guillermo Colín

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Aprobada en el Senado de la República por unanimidad de sus integrantes que a muchos pareció algo más que sospechosa, la polémica ley sobre la Guardia Nacional se espera que ni siquiera sea discutida por los representantes populares y pase en esta misma semana por la Cámara de Diputados “con dispensa de trámite”, una figura eufemística usada para sellar legislaciones que en opinión del cuerpo colegiado que las produce están tan bien hechas que ni la pena vale quitarles un punto o una coma.

De ser así, se habrá aprobado una de las legislaciones más controversiales del México contemporáneo. Una que bien leída, no quita casi ningún sobresalto de los que causó desde su presentación.

A fin de cuentas puede dirigirla un militar si el Presidente lo decide, como él mismo lo señaló. No durará de manera indefinida, pero no es creíble que dentro de unos pocos años se vaya a disolver en el horizonte de temporalidad con el que la barnizaron (un lustro). De tener éxito habrá en las calles fuerzas armadas para rato.

Si acaso lo único destacable haya sido la diferenciación del fuero en la prematura celebración de todo lo que aprobó el Senado, entre lo que debe contarse la imprevista aparición en la letra chiquita del texto, de unos misteriosos “cuerpos de reserva” (artículos 10, 31 fracción III, y 35) que en opinión del ex ministro de la SCJN, José Ramón Cossío, constituye la creación de un nuevo cuerpo armado (sea que por necesidades parlamentarias se haya tenido que nombrar así al cuerpo armado saliente, o sea porque en realidad se está hablando de otro). En todo caso no está nada clara esta figura de “cuerpos de reserva”. Lo anterior hace todavía más comprometida la unanimidad de votos sin una sola voz en contra o ni siquiera un abstención con la que se aprobó el texto legislativo que hace nacer la Guardia Nacional (con todas sus implicaciones).

Algo que difícilmente se explica como resultado de un razonable ejercicio de diálogo y convencimiento político, parece atender más bien a una predecible distribución de canonjías de todo tipo hacia un variopinto muestrario opositor de membretes que en su momento fueron partidos políticos y hoy semejan ruinas sin ideología alguna si es que alguna vez la tuvieron.

Desde luego es dable que pueda haber en ocasiones legítimos consensos (como los que concitó el nombramiento del periodista Jenaro Villamil al frente de la comunicación social del Estado); unanimidades posibles en torno a un sinnúmero de temas políticos. Pero difícilmente obtenibles tratándose de uno como la militarización del país y los cheques de poder que a su amparo en ella se expiden a los comandantes y almirantes mexicanos de manera peligrosamente ilimitada.

Por ello provoca “sospechosismo” el que fuera tan tersa la aprobación de todos los senadores sin excepción, cuando apenas horas antes del cónclave al que fueron convocados, los legisladores de la Cámara Alta pertenecientes a los partidos minoritarios expresaban a coro, junto con voces sociales disidentes, que la iniciativa les producía escozor y alarma, ya que en efecto, a la opinión pública le queda poco claro cómo la nueva fuerza habrá de combatir al crimen, sea éste organizado o no, tratándose a ciencia cierta de lo que parece “la misma gasta pero revolcada”.

¿Tan pronto todas esas acres objeciones planteadas con fuerza en días anteriores fueron de pronto disueltas en unas cuantas horas?

Por otro lado, aparte de las señaladas, la Guardia Nacional nace plagada de inconsistencias. Se dice que apenas se promulgue se abrirá un ejercicio de capacitación por parte del Ejército a las diferentes policías que habrán de integrarse. Pero entonces ¿quién capacitará al Ejército para cumplir con ese papel si nunca ha estado en él y la función que les da razón de existir es una muy distinta como la salvaguarda de la soberanía?

Las capacidades de fuego que habrán de “coexistir” en el nuevo instituto armado es otro galimatías, ya que por ley y tratados internacionales las armas de uso exclusivo del Ejército deberán permanecer así. Entonces ¿cómo se defenderá el resto de efectivos?

Y subsiste el problema fundamental: ¿cómo habrá de operar la Guardia Nacional para abatir la delincuencia y el crimen, así como los asesinatos que a diario se cometen por efecto del narcotráfico?

No está claro que la mera aparición de este cuerpo polimorfo en las calles y en los caminos de México disminuya la violencia. Antes bien hay fundadas razones que opinan que será todo lo contrario al revivirse la sangrienta y fallida apuesta del régimen calderonista por la guerra.

Tal vez algún día se conozca por qué AMLO cambió de parecer y en lugar de mandar al Ejército de vuelta a sus cuarteles, prefirió amalgamar todas las fuerzas armadas en una sola y última apuesta por la seguridad civil.

gcolin@mail.com


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