• Regístrate
Estás leyendo: Presidente AMLO: no son traviesos, sino criminales
Comparte esta noticia
Jueves , 25.04.2019 / 06:52 Hoy

Entre pares

Presidente AMLO: no son traviesos, sino criminales

Guillermo Colín

Publicidad
Publicidad

En el marco de la lucha del Estado mexicano contra el narcotráfico y contra el monstruo del huachicoleo anidado en PEMEX, al Presidente de México recién le ha dado por nombrar a los miembros del crimen organizado como “traviesos”; desafortunadísimo calificativo a quienes no son más que criminales sin ambages.

Se oye hasta ridículo nombrarlos así siendo sujetos antisociales tan perniciosos. Gravísimo desliz verbal de AMLO –y cabría decir que moral también–, por la investidura presidencial que representa.

Ésta tiene una concreción en el respeto debido a la persona que la encarna (algo en lo que no fueron educados los reporteros de hoy que no saben ponerse de pie en las mañaneras al dirigirse al Presidente). No por nada el ex presidente Ruiz Cortines, acérrimo jugador de dominó, cuando por azares de la mula de seises soltaba de su ronco pecho alguna imprecación, exclamaba entre broma y veras a quien quisiera oírlo: “Perdón, investidura” (obvio que por maldecir en público).

Se justificará que AMLO acude al habla coloquial para llegar a la población en modos que lo identifiquen con el pueblo, si bien a veces más lo acercan al chacoteo (“me canso, ganso”), en ocasiones donde por la naturaleza del evento

–su toma de posesión, por ejemplo– debiera privar la solemnidad. La investidura presidencial tiene un lado solemne a respetar y hacer valer.

Más aún: nombrar en el desvarío “traviesos” a quienes no son más que atroces asesinos construye una narrativa donde los equipara en la inocencia con niños, que son los que cometen travesuras. La desdichada afirmación diluye y disminuye la deshumanización diabólica en quienes se dedican con saña, entre otros horrores, a descuartizar seres humanos. Ésos son crímenes abominables, no travesuras, actos malignos e ingeniosos de poca importancia especialmente hechos por niños. Algo que ni remotamente aplica a los narcodelincuentes o a los huachicoleros.

En consecuencia, llamarlos (como lo hace AMLO) con el vocablo de “traviesos” refuerza a través del léxico la cotidianidad de la violencia del crimen organizado, que solo es travesura, y vulnera en la población principios de dignidad humana, de identidad personal y colectiva, acaso sujeta también a una servidumbre de miedo en quien no quiere ni tocar con pétalos de rosa a capos y sicarios.

Caso que recuerda el apelativo regiomontano de uso extendido para nombrarlos: malitos, que es un absurdo y también ridículo diminutivo (considérese: “Los malitos me enviaron dedos de mi bebé recién nacida para que les diera lo que pedían”). Es similar a la sumisión implícita del amedrentado que medroso pronuncia: “Fueron los de la letra”, como si no nombrarlos por su nombre cabal (zetas) al enunciante lo protegiera de ellos un halo de invisibilidad. Así ahora AMLO llama “traviesos” a huachicoleros mayores, criminales organizados, como si eso atenuara la terrible amenaza que representan: “Son solo unos traviesos” (que tienen en jaque al gobierno de su sexenio).

Vapores letales, contradicciones acumuladas

Acumula el país vapores tóxicos de contradicciones políticas acumuladas sin resolver. Enrarecida atmósfera cuyo estallido más reciente lo vivieron los pobladores de Tlahuelilpan, Hidalgo, quienes en la desmesura consentida por el gobierno federal exigen ahora 10 millones de pesos por cada uno de sus deudos calcinados en el acto voluntario de robar combustible a un ducto de Pemex cuando una chispa lo hizo estallar. Gente que en la locura nadaba y se intoxicaba con vapores del géiser de la muerte que en pocos minutos les provocó mareos histéricos antes de abatirse sobre cientos de ellos con una llamarada que a muchos desvaneció en el aire,

AMLO, transfigurado de quién sabe de cuál acto de redención, contesta a los reporteros que preguntan si procederá satisfacer la demanda de los familiares de los quemados en la tragedia, vivos o calcinados. Responde a la exigencia: “Totalmente, por humanismo, sin límites, sin condiciones”. 10 millones (hasta ahorita) por morir robando.

Algo pasa en la 4T que a menudo ofrece la sensación de estar a punto de salirse de control. Mientras en otras ocasiones luce prometedora y esperanzadora. La comentocracia en consecuencia ha tenido días de campo reviviendo sus viejas diatribas contra AMLO. Un periodista, usualmente sensato en sus apreciaciones, ahora declara campante que “el desabasto ya provocó una tragedia cercana a los 100 muertos”. Así sin más. No hay ninguna causa-efecto entre desabasto y muertes como no sea retórica.

gcolin@mail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.