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Viernes , 26.04.2019 / 00:50 Hoy

Entre pares

La rebelión de la prensa tradicional (I/II)

Guillermo Colín

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Las controvertidas conferencias de prensa del presidente López Obrador, conocidas como las “mañaneras”, han mostrado ser un poderosísimo puente de comunicación política entre el mandatario y la población desde los sobrios recintos de Palacio Nacional.

Utilizando el recurso inobjetable de una conferencia de prensa, AMLO forja en ellas parte de la narrativa diaria de la 4T, al grado que muchísima gente ya se informa del cambiante curso del país a través de sus noticias y pronunciamientos. Conductores de noticieros en el mismo horario, del calado de una Aristegui o de un Brozo, sufren ya mermas en sus ratings por ese motivo.

Sin demérito de las objeciones interminables que sus opositores dirigen a AMLO no es poca cosa levantar a un pueblo políticamente adormilado durante décadas, a escuchar voluntariamente de un día para otro, durante una hora o más, hablar de política desde temprana hora y tomar parte activa en lo que se dice. La relativa transparencia y espontaneidad sin poses que rezuma el mandatario durante estas conferencias, ha captado la atención de amplios sectores de mexicanos.

No solo muchos ciudadanos están atentos a los temas y disposiciones gubernamentales del día, también la comunidad internacional toma nota. Lo demuestra el episodio de la disputa entre las calificadoras Fitch y Moody’s, cada una contradiciéndose sobre el valor de Pemex, y AMLO zanjándola con una declaración de reducir impuestos a la petrolera mexicana, que puso al alza súbita a la Bolsa y a los bonos Pemex de la noche a la mañana.

Pese a su riqueza informativa, el fenómeno de “las mañaneras” paradójicamente ha sido desaprovechado y ha tomado por sorpresa a los medios tradicionales, los que de por sí ya sufrían el impacto de las redes sociales y del internet en sus índices de circulación y en sus ingresos por publicidad. Una mayoría de las noticias de la fuente presidencial que hoy se imprimen dejan de serlo 24 horas antes de que aparezcan. En un mundo interconectado al instante, eso equivale a un siglo de obsolescencia en lo que por definición es perecedero a corto plazo.

Todo esto ha alterado significativamente los balances del poder mediático que por algo siempre se dijo que era el Cuarto Poder. Se asiste al derrumbe del tristemente célebre maridaje entre la prensa y el gobierno, plagado de vicios y corruptelas entre medios chayoteros, serviles al poder, en arreglos inconfesables y audiencias sometidas a regímenes de desinformación y manipulación (Vgr., la televisión para jodidos que llegó a ser orgullo de Televisa).

El nuevo modelo que se anuncia para asignar publicidad gubernamental con base en parámetros que se pretenden objetivos será para el régimen lopezobradorista la prueba de fuego en la materia. Si alguna credibilidad merecen los prestigiados y recién nombrados periodistas que dirigirán los medios del Estado mexicano (con Jenaro Villamil a la cabeza de RTC), es posible augurar soluciones a los desafíos del sector público en la materia. Posiblemente esta área pudiera incluso ser (junto con las de Paco Ignacio Taibo II y Beatriz Müller) la que apuntale el nuevo desarrollo democrático, cultural y educativo que deje como legado la 4T.

De ahí que los opositores de AMLO, incluidos algunos medios fifí, se han dado cuenta para su desmayo, que sirven de replicadores de esta calculada hoja de ruta que es dada a conocer (urbi et orbi, en directo o en repetición diferida las 24 horas), por decenas de medios de comunicación que se dan cita a cubrirla en Palacio Nacional.

Pero la sociedad y los periodistas tradicionales de la fuente no son los únicos que siguen de cerca las palabras y posturas de AMLO. Desde las redes sociales ha surgido una miríada de observadores cibernéticos o medios alternativos en distintas plataformas. Mediante continuos videos se manifiestan –en paralelo a los reporteros de la fuente– sobre sus preguntas a veces inanes, otras ciertamente objetables (Bloomberg: “¿Cómo se dialoga con un dictador?”) y en algunos casos deplorables (desde el que pregunta “¿cuándo hace ignición una molécula?”, o el otro que advierte que su pregunta “está basada en Newton”, hasta la comunicadora que emplaza sin miramientos a AMLO para que le conteste tajante: “¿Sí o no?”). Provocan la pena ajena

En cambio a los youtubers, para miles seguirlos es un placer. Extremadamente jóvenes hacen contrapeso a los que se abrogan el monopolio de ser los únicos con derecho a participar. Caracterizados por sus críticas certeras; bien informados y muy articulados, videograban una suerte de crónicas críticas de las mañaneras y periodistas que las atienden, quienes lejos de asimilarlas piden a AMLO, en el despropósito total, que los vete de sus conferencias y les restrinja sus derechos de libre expresión (presunto comunicado de la periodista Ivonne Melgar con copia al vocero de AMLO, Jesús Ramírez). De lo contrario, azuzan, dejarán de cubrirlas.

gcolin@mail.com

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