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Sábado , 20.04.2019 / 11:59 Hoy

Entre pares

¿Acaso no hay militares que sí entienden al país?

Guillermo Colín

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Intrigante, contradictorio, bizarro, por decir lo menos, es el texto del desplegado a color que publicó en Milenio el “gobierno municipal” de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, con motivo del Día del Ejército.

En él, con lenguaje feisbuquero para este tipo de narraciones (chabacanas, grandilocuentes, con verdades a medias; sobre hechos extravagantes cuya lógica es dudosa) se narra una supuesta anécdota anónima de un soldado que cuando estaba a punto de comenzar su carrera militar, supuestamente “un sabio y viejo coronel retirado del Ejército le dio algunos consejos”.

“–Así que quiere ser un soldado de carrera?, me dijo. Bien, pero recuerde que mientras más tiempo tenga el uniforme, realmente comprenderá menos sobre el país que protege” (cabe preguntar: ¿un “viejo y sabio” coronel del Ejército Mexicano conforme pasa el tiempo de verdad entiende menos al país? ¿Por qué necesariamente menos? ¿Acaso no hay militares mexicanos de todos los rangos que sí comprenden y entienden al país, a su historia y a su coyuntura?)

Después de tan gratuita y pasmosa afirmación, el supuesto “coronel retirado” remata a guisa de explicación que el asunto es político (¿no se decía que eran apolíticas las fuerzas armadas?). Para el coronel del relato, patrocinado por “el gobierno municipal” de San Nicolás: “La democracia es la antítesis de la vida militar; es caótica, deshonesta, desorganizada. (…)”. ¿Será por eso que en los regímenes de dictadura militar lo primero que se anula es la dañina democracia? Pero entonces, ¿por qué los generalatos, las juntas militares de esa calaña a lo largo de la historia han acabado acusadas de delitos de lesa humanidad o genocidio?

En el relato publicado por el “gobierno municipal” de San Nicolás, con cierto tufillo golpista prosigue tentador, el supuesto “coronel retirado” que advierte: “Después de un tiempo, si se quedan (cambio inopinado del singular ahora al plural) se sentirán tentados (sic) a decir: Miren ustedes civiles, tenemos un camino mejor, estamos mejor organizados, somos patriotas y sabemos lo que es sacrificarse; sean como nosotros” (¿los civiles no pueden ser patriotas?). Una pregunta de las muchas que deja a la imaginación el “coronel”: ¿Desde dónde se dirigen los militares para hablarles así a los civiles? ¿Desde un templete con armas largas a una población desarmada reunida en la plaza?

Y, suponiendo sin conceder, ¿cómo podrían los civiles que se entusiasmaran con la oferta del coronel, llegar a ser como los soldados que en todo son mejores que ellos, según el relato? Desde su lógica, se colige que solo a través de renunciar a la democracia y supeditando toda la vida civil al mandato de los militares. Llegados a este punto cabría cuestionar: ¿Qué suerte correrían los civiles que se opusieran al nuevo arreglo con las fuerzas armadas donde ellas ahora tuvieran sometida a la población?

El supuesto “coronel” del relato del “gobierno municipal” de San Nicolás no escatima hipótesis. Ofrece al final al soldado de carrera, una triste vida cuyo propósito no se acaba de esclarecer: “Si eres (otra vez al singular) un soldado de carrera –le dice– puedes defender la democracia, pero no la entenderás, ni serás parte de ella (entonces ¿para qué defenderla? Y ¿por qué este coronel inhabilita a priori al soldado a entenderla? ¿Él sí entiende a la democracia?), además –continúa– siempre serás un extraño en tu propia sociedad (¿Por qué? ¿Dónde quedó aquello de que el Ejército Mexicano es el pueblo mismo?)

Plagado de supuestos improbables y de todo de tipo de contradicciones, este que no deja de ser un texto alegórico en el Día del Ejército, también puede ser leído como cercano esbozo de los que podrían ser contenidos en una convocatoria militarista a la que algún día (según “el gobierno municipal” de San Nicolás en su felicitación a las fuerzas armadas) se sentirían “tentados” de hacer quienes quisieran emprender la carrera militar.

Al tiempo que hoy el país se halla al borde de adentrarse en un bosque incierto de acechanzas potenciales si se legaliza la militarización de su seguridad pública, como se propone en la iniciativa que de aprobarse haría surgir una Guardia Nacional para México, proveniente de una amalgama de policías federales y fuerzas armadas, con casi nulo mando civil, con un sinnúmero de poderes que ponen en duda la vigencia cabal de las garantías individuales constitucionales, es preciso no perder de vista relatos como el anterior porque, bien tomados como textos de futurismo social, proveen atisbos de un mañana al que pudiéramos de pronto amanecer ya desprovistos de nuestras libertades civiles. El Senado vota en unos cuantos días el que sería el mayor incumplimiento en relación a lo prometido a su electorado, por parte del presidente López Obrador y el inicio de un Frankenstein inimaginable.

gcolin@mail.com

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