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Jueves , 21.06.2018 / 01:22 Hoy

Un año más y bañarse será un lujo...

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Aquí de agua no se hablará pues se pague o no, se tenga o no, ya es un lujo, tema que además es multifactorial, donde la educación, inversión y medio ambiente llevan la batuta. En estas líneas hablaremos de un gran pendiente en la industria de la limpieza, para todos aquellos que fabrican, comercializan y, sobre todo, consumen.

En la producción de aceites, jabones y detergentes, regeneración de resinas, intercambio iónico para el tratamiento de agua, lavado de botellas de vidrio, blanqueo de celulosa para papel, teñido de telas, cervezas y artículos de limpieza en general la sosa cáustica, subproducto del cloro, se ha convertido en la materia prima más onerosa y difícil de conseguir en el mercado mexicano.

No es un tema nuevo, bien lo saben los abastecedores locales Mexichem, petroquímica mexicana que mantiene más de 40 por ciento del mercado, detrás vienen Cydsa con 20 y Roth con 3 por ciento, que México no es autosuficiente en esta materia prima, que tiene que importar más de 30 por ciento de lo que requiere el mercado nacional. Es un pendiente de más de 20 años que entró a revisión hace seis años y no se mueve nada.

En 1995 el gobierno de México impuso una cuota compensatoria (de este tipo es la más antigua que todavía se encuentra vigente y sin modificación o actualización alguna) de 288 dólares por tonelada importada de sosa cáustica, y los productos de limpieza desde entonces se han encarecido, pues dependen de una sustancia de importación o del abasto de tan únicamente tres compañías cuya real competencia es, entre los industriales, es muy opaca.

Perfume, crema, color, frutos y esencias naturales, o cualquier otro elemento que por más extravagante o extraño que suene puede doler tanto en el bolsillo de los fabricantes que la cara y escasa sosa caustica, cuya oferta es más que una cuestión de mercado, de oferta y demanda, de proveedores, es un litigio interminable en donde la sana competencia es lo que menos está presente.

Y si a todo lo anterior le sumamos que en Estados Unidos, ahora que todos los reflectores están con ellos tratando de vaticinar el futuro del agonizante Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), los incentivos para la industria petroquímica se han abierto.

Si los reclamos en México no encuentran salida, los bajos costos y la basta oferta de los estadunidenses hará mella en el mercado y en los productos para el consumo de todos los mexicanos.

Cerveceros, grandes transnacionales, empresas nacionales, cámaras y gremios tocan las puertas para intentar resolver este viejo desafío; sin embargo parece que los responsables no se encuentran.

Sin tener en las manos una bola mágica, que a veces imagino tenerla, puedo decirles que el jabón será un producto de lujo, pues hasta el más popular y modesto de éstos requiere de sosa cáustica. Gran pendiente, ahí se las dejo.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com

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