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Lunes , 20.05.2019 / 04:25 Hoy

Columna de Gabriel Torres Espinoza

Transformar o refundar ¿para qué?

Gabriel Torres Espinoza

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El Senado planteó al Presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, impulsar reformas para combatir la corrupción, erradicar el nepotismo y eliminar los privilegios en el Poder Judicial de la Federación (PJF). El líder de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, subrayó la necesidad de dotar al PJF de mayor credibilidad, transparencia y legitimidad. Propuso que la actualización del marco jurídico también contemple el replanteamiento del sistema de concursos para designación de jueces, la rotación de jueces y magistrados y el establecimiento de procedimientos transparentes para el ingreso a las áreas administrativas. “La relevancia de la impartición de justicia hace necesaria una revisión profunda sobre la manera en que este Poder se integra y funciona; el reto es mantener y preservar su autonomía, pero al mismo tiempo dotarlo de mayor credibilidad”. En principio, suena muy bien...

Se atestigua así el auge del fetiche transformador-fundacional, característico del Tercer Mundo. Se presume que los más complejos problemas de la vida pública se resuelven con diseño institucional, nuevas leyes y reformas constitucionales y legales “de gran calado”. Transformaciones y refundaciones son la única respuesta a la violencia y la impune corrupción que carcomen las instituciones públicas de México. Crear comisiones, nuevas fiscalías, aparatos burocráticos (OCA’s) que sustituirán la inoperancia de las procuradurías, fiscalías y poderes constituidos del Estado Mexicano. Pero poco se dice de la ausencia de castigos a quienes infringen la ley. Los medios documentan todas las semanas que personal operativo y administrativo, adscrito a una corporación de seguridad, son infiltrados por el narcotráfico, que algunos agentes de las policías municipales trabajan para resguardar los intereses de los criminales, en vez de los ciudadanos. Agentes que en su gran mayoría aprobaron (o le ayudaron a aprobar) las pruebas de control de confianza, puesto que estas son necesarias para ejercer el cargo.

Respuestas sin diagnóstico. De dientes para afuera. Efectistas, deslumbradoras y por apantalladoras huecas y sin sustancia. Los problemas que más aquejan a la sociedad se resolverán con nuevas leyes, reformas y el más ingenioso diseño institucional. Todo se reduce a lo puramente estructural constitucional. Así de sencillo. Ni el derecho, ni el diseño institucional resuelven problemas per se; en todo caso son una condición necesaria más no suficiente, que debe de ir acompañada de dos factores interdependientes para la eficacia: voluntad política; y elementos o recursos humanos probos y profesionales, con cartas credenciales y una aquilatada trayectoria. Transformar o refundar, desde la impunidad, es escribir en la arena. En todos los países existe la corrupción; la diferencia es que en algunos se castiga y en otros se ignora, y con ello, se alienta...

gabtorre@hotmail.com


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