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Miércoles , 12.12.2018 / 14:49 Hoy

Siete puntos

Romero, Santo

Francisco Gómez

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1. Allá por 1996 participé en un programa de radio en el que se me preguntó por la presencia del obispo Raúl Vera en San Cristóbal de las Casas, como coadjutor –con derecho a sucesión– del entonces titular obispo Samuel Ruiz. Se suponía que Vera había llegado para controlar al polémico Ruiz, quien no solo había servido de enlace con los zapatistas alzados, sino que preocupaba al Vaticano por su trabajo con los diáconos casados de aquella entidad, y por sus evidentes vínculos con la Teología de la Liberación. Había que detenerlo, pues.

2. Pero parecía al revés: Don Raúl se tornó todavía más controversial y, viajando casi por todo el mundo, expuso la terrible situación en la que se encontraba la diócesis chiapaneca. Comenté, en el citado espacio, que Vera tenía un problema: era decente, y cualquier obispo con esa virtud haría lo mismo, al constatar las condiciones de marginación y opresión en las que vivían los indígenas. Propuse, no sin cierta ironía, una solución: enviar a un tercer obispo que controlara a los dos, pero con una sola característica: que no fuera decente.

3. Creo que eso mismo le sucedió a Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980 y quien será canonizado el próximo domingo. Romero llegó a San Salvador –así se supuso– como candidato de los sectores conservadores, pues nunca se había situado del lado de los sacerdotes que defendían la opción por los pobres. Ya como obispo, Romero era calificado como tímido, introvertido y demasiado piadoso, no se enlodaba visitando los barrios sucios de la gente humilde. Decían que huía de la realidad.

4. Pero le asesinaron a su gran amigo, el P. Rutilio Grande, S.J., junto con dos campesinos. Y ahí inició o, más bien, se fraguó la conversión de Romero. Su discurso se volvió más aterrizado, y comenzó a compartir los sufrimientos de su gente, asumiendo su causa y convirtiéndose en su voz. Pero, atención, su propuesta no se parecía a la de los intentos bélicos que surgían desde la oposición en todo El Salvador. Así como creció su tono crítico, se engrandeció aún más su pacifismo. Pero sabía que tal postura era peligrosa, y temió por su vida.

5. En 1980 la cegaron las balas criminales de un soldado, mientras celebraba la Eucaristía en la capilla del Hospital Divina Providencia. Un día antes había pronunciado la célebre homilía de fuego, en la que dijo refiriéndose a los militares: “… en nombre de Dios y en nombre de este pueblo… les suplico, les ruego, les ordeno: ¡cese la represión!”. No alcanzó de inmediato el reconocimiento a su martirio. Por el contrario. Durante toda la gestión de Juan Pablo II su proceso de canonización fue bloqueado frecuentemente, …

6. … pues se le acusaba de comunista. Tuvo que llegar Francisco de Roma para destrabarlo y regalarnos la corona de su santidad que, sin embargo, décadas atrás los pobres de América Latina ya le habían concedido. A partir del próximo domingo ya le podremos decir San Oscar Arnulfo Romero. Ojalá y su testimonio nos ayude a recordar lo importante que es involucrarnos en los sufrimientos de los demás, en especial de los más pobres, no solo para comprenderlos, sino para ayudarles a su superación. Eso es ser decentes.

7.Cierre ciclónico. La cuarta transformación no parece ofrecer cambios significativos en relación al régimen anterior, sobre todo en lo relacionado a los apoyos económicos de los legisladores. Los nuevos diputados federales, además de estar ya exentos del pago del ISR en sus aguinaldos, y de que el peaje en las carreteras les resulta gratuito, ahora les incrementarán los viáticos para sus viajes por tierra o en avión. No hay cambio. Se sigue pensando que el ser funcionario implica recibir prebendas y privilegios. ¿Y el servicio público? 

papacomeister@gmail.com

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