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Sábado , 23.03.2019 / 05:27 Hoy

Sonido & visión

Discos cincuentones 1968 (2a parte)

Fernando Cuevas

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Continuamos con las vueltas de los álbumes que invadieron 1968, año de manifestaciones juveniles en pleno proceso de disconformidad y también de ebullición creativa en el terreno de la música popular.



Cantautores

El nivel compositivo y letrístico de altos vuelos inundó Bookends, firmado en conjunto como Simon & Grafunkel, cada uno poniendo sus talentos en la mesa al servicio de la evocación, extendido a The Graduate, música para la cinta homónima de Mike Nichols; en tanto These 23 Days in September, segundo disco de David Blue, amigo de Dylan en el ambiente del Greenwich Village, desplegó un emotivo folk para tiempos de cambio, justo cuando el otoño anuncia su llegada. El escocés Donovan generó The Hurdy Grudy Man además de In Concert, sorprendente puesta en escena de este trovador con aires de colores.

El texano Townes Van Zandt debutó con el sensible For the Sake of the Song, abriendo una brillante puerta para que por ahí pasara la renovación del country, por el bien de propios y extraños y el arte de la canción como forma de expresión popular. Tras participar en las sesiones del malogrado SMILE con Brian Wilson, Van Dyke Parks grabó su primer disco combinando con desbordada imaginación barroca un pop orquestal, elementos circenses y apuntes country: Song Cycle atrapa en bucles sonoros de los que uno no quisiera escapar.

El norirlandés Van Morrisson entregó su segunda obra, acaso su más representativa con sus discretos acentos jazzeros en torno a incisivas instrumentaciones, titulada Astral Weeks, cual viaje místico por los confines del tiempo a partir de letras cargadas de ideas por descubrir, como las propuestas por Scott Walker entre sentidas versiones de Brel, Hardin y Bacharach, entre otros, y composiciones propias de buen octanaje integradas en Scott 2. El gran Johnny Cash rompió cadenas y candados con su emocional interpretación capturada en At Folsom Prison: clásico en vivo con una de las presencias esenciales del escenario, que mereció una lograda interpretación de Joaquin Phoenix al respecto.



Asociaciones creativas

The Zombies hicieron una afortunada combinación de pop-art con salpicadas de jazz en Odessey and Oracle y The Pretty Things entraron a la innovación con S. F. Sorrow, una primigenia rock-opera sobre el personaje titular, entre guitarras limpias con aromas provenientes de oriente próximo. The Doors abrió la ventana para producir Waiting for the Sun, en tonalidades menos ocultas, como el Crown of Creation de Jefferson Airplane, bajándole al viaje acostumbrado. Los angelinos de Spirit se lanzaron con su rock de garage levantando simientes progresivas por partida doble, vía el homónimo Spirit y The Family That Plays Together. Progresión reforzada por The Moody Blues en In Search of the Lost Chord con todo y el mellotrón alucinado, y por Procol Harum, reconfigurados para grabar Shine on Brightly con su respectiva cuota de rock sicodélico

The Byrds entregó Sweetheart of the Rodeo, conservando intacta su capacidad para combinar country y rock, cual si de una institución se tratara, además de The Notorious Byrd Brothers, por se si quedaba duda acerca de su impronta. The Band entregó el sólido rock country envuelto en Music from a Big Pink, su obra mayor con todo el apoyo de Dylan y convertida en el vehículo para pasar al frente del escenario. Por su parte, Doug Dillard & Gene Clark, éste último tras su paso justamente por este grupo angelino, grabaron el inesperadamente seminal The Fantastic Expedition of Dillard & Clark, viaje anticipatorio por los terrenos del country alternativo.

Creedence Clearwater Revival, comandados por la vocal aguardentosa y agudeza melódica de John Fogerty, debutaron con el homónimo Creedence Clearwater Revival: rock sureño con claras señas de identidad, elocuente en justa dimensión y ya compartiendo algunos clásicos que resuenan todavía hoy en cualquier reunión digna de ser atendida. Con un blues inyectado de sicodelia, arropada por un rock melódico y buen olfato para la generación de piezas con alcance popular, la Steve Miller Band se presentó con amplio despliegue de recursos armónicos bien encajados en Children of the Future, igual proponiendo pasajes progresivos que explosiones instrumentales. Esas inconfundibles estructuras armónicas se mantuvieron en Friends, la contribución para ese año de The Beach Boys, valioso disco oculto entre sus grandes obras.

The Velvet Underground produjo ya sin la sombra de Warhol White Light/White Heat, confirmándose como un grupo que cambiaría el rock para siempre, a contracorriente de la tendencia hippie: traga navajas en lugar de darme una flor, decía Reed. Por ahí transitó el imprescindible We’re Only in It for the Money, cargado de ironía y genialidad de The Mothers of Invention, con un Zappa desatado y al tope de su creatividad corrosiva. The Incredible String Band tuvo un año de talento desbordado con su folk pasado por texturas incandescentes, expresado en un doblete: The Hangman’s Beautiful Daughter y Wee Tam and the Big Huge. Un tesoro escondido: Begin del efímero grupo The Millenium, conformado por composiciones innovadoras en vertientes pop con irrupciones de géneros múltiples.

Steppenwolf confeccionó con toda la intención roquera Born to Be Wild, cuya canción titular se convirtió en himno y, en algunos casos, forma de vida, que la vocación era para ser salvajes, pero siempre justos. En similar tesitura, Iron Butterffly lanzó primero Heavy y después el famoso In-A-Gadda-Da-Vida, poniéndole nombre a la pesadez, y el trío de San Francisco Blue Cheer produjo Vincebus Eruptum, entre el rock macizo y la experimentación colorida. Deep Purple, toda una referencia inició su trayecto por el hard rock y progresivo: se presentó con Shades of Deep Purple, mostrando con prontitud la energía para disipar la neblina baja.

Esa portada un poco bizarra del Child is Father of the Man, con cada miembro cargando a su yo infantil, Blood Sweat & Tears presentó su disco insignia alineado con músicos de lujo que iban del rock-blues al jazz fusión sin detenerse en medio: una buena oda a la niñez como el estado ideal de la persona. Y hablando de combinaciones afortunadas, Traffic continuó con su alquimia rockera/jazzera ahora nutrida de un aliento soulero en el ídem Traffic, encontrando la justa cohesión entre sus componentes. Canned Heat siguió cultivando con imaginación el bluesrock en Boogie With Canned Heat, que influyó a varios grupos posteriores, y con Living the Blues, álbum doble de consolidación.


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