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Hacha y machete

Guanajuato "reborn"

Cruz Amador

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Guanajuato es un estado violento. De unos años para acá la cifra de homicidios ha crecido y ha llegado a niveles a donde ningún guanajuatense lo hubiera sospechado. La muerte y el narco estaban en Tamaulipas, en Zacatecas, en Jalisco y Michoacán, pero no aquí.

La Guerra contra el Narco era un hecho que aveces tocaba este territorio dedicado a Cristo Rey. Un lugar de paso y conexión de droga donde conseguir cocaína era fácil y sin miedos, otras drogas ni se diga.

Todo eso cambió cuando apareció el huachicol y los precios de la gasolina legal se fueron hasta las nubes. Al tener la refinería en Salamanca, el robo de combustible fue un tesoro en el que los cárteles vieron la oportunidad para alargar su brazo. Conseguir los datos para saber por dónde y a qué hora pasaría el combustible para ordeñarlo fue relativamente fácil; en Pemex, quien no funciona con dinero funciona con amenazas, que no es para nada poca cosa.

Así empezó a llegar la pelea entre grupos delictivos por ciertas zonas, la muerte y la guerra comenzaron a fijarse en nuestro estado, entrando poco a poco, sigilosas y constantes. Lo demás es lo que vivimos ahora, cuerpos desmembrados en calles de Irapuato, cabezas en centros de municipios importantes de la entidad, ataques en bares, en vialidades importantes y el aumento de la venta de cristal. Ni qué decir de los municipios pequeños como Juventino Rosas, Cortazar y los Apaseos, la zona conocida como el triángulo del huachicol.

El panorama cambió con el desvelamiento del cártel de Guanajuato y un nombre que escuchamos y ya sentimos nuestro: El Marro.

La violencia se desató cuando el CJNG perdió algunos espacios y otros comenzaron a pelearse; las estrategias de seguridad, todas, han sido un rotundo fracaso. Se le ha invertido en equipo, en planes, en tecnología, hay empresas en el estado, hay trabajo, el nivel educativo a nivel nacional no es malo, entonces ¿qué pasa?

Guanajuato es un estado nuevo en el enfrentamiento y la Guerra contra el Narco, que debe ya encontrarse en una tercera etapa, y el cambio de administración criminal pesó —¿será que los nuevos no respetan ciertos tratos o códigos?—.

En cuanto a los empleos, sí, es verdad, muchas industrias llegaron al estado y hay mucho empleo, sin embargo, está mal pagado, las escuelas fabrican solo manos de obra para automotrices y otras áreas, en fin, pura manufactura. Diego Sinhue trae como bandera pasar a ser mentefactura, aunque no está muy claro cómo se logrará.

Por lo pronto, anunció la creación de dos preparatorias militarizadas en Guanajuato.

¿Será que este sistema educativo funcione como medida de prevención?

Yo apuesto mi resto, y doblo la apuesta, a que no.

No me imagino en un bachillerato militar formando seres críticos y lectores de calidad para poder enfrentarse a los retos de los sistemas políticos que imperan en esta realidad; en todo caso, los veo formando —o intentando hacerlo— a unos entes a los que quieren meter, a fuerza de disciplina y órdenes, conocimientos cuadrados y mostrándoles el dulce camino de la obediencia ciega y vil.

Para prevenir el crimen se necesita educación de calidad, que nos haga crecer en formas humanistas y no en marchas militares; hacen falta empleos bien pagados y no ser unos nuevos esclavos de empresas multinacionales. Para prevenir el crimen se le tiene que apostar todo al arte y las ciencias, al deporte, claro, pero no como un escarmiento o rutina, sino como una forma de vida.


cruz.amador@milenio.com





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