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Carta de viaje

Nosotros y el agua

Carlos Tello Díaz

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Cutzamala es un sistema de almacenamiento, conducción, potabilización y distribución de agua para la población y la industria de la Ciudad de México, explica la Wikipedia. Es uno de los sistemas de suministro de agua más grandes y complejos del mundo. Alrededor de 30 por ciento del agua que consume la Ciudad de México, en efecto, tiene que ser importado de las cuencas de Lerma y Cutzamala. ¿Por qué? ¿No estaba cubierto de lagos nutridos con la lluvia, antes, el valle donde está hoy erguida nuestra ciudad? ¿No pueden ser aprovechadas las aguas de la lluvia?

“México, a la llegada de los españoles, se hallaba totalmente rodeado de agua”, notó fray Toribio de Benavente. La ciudad que descubrieron los conquistadores estaba, en efecto, rodeada por una serie de lagunas que tenían una superficie de alrededor de 2 mil kilómetros cuadrados, más o menos el equivalente a dos veces la superficie del lago de Chapala. “Pero desde el año 1524, esta agua no ha hecho más que bajar”, añadió Benavente. La mayoría de los canales y las acequias fue cegada para abrir calles de tierra, sobre las que fue construida la Ciudad de México, que padeció desde entonces, inevitablemente, varias inundaciones, por lo que en 1607 Heinrich Maartens (Enrique Martínez) ideó el desagüe de Huehuetoca, para sacar el agua del valle de México hacia el Golfo por un túnel que desaguara en el río Tula. El túnel sería luego un cañón abierto en la montaña que llevaría siglo y medio —y miles de vidas— en construir: el socavón de Nochistongo.

A fines del siglo XVIII, ya todo era distinto en el valle de México. Alexander von Humboldt lo comentó así en su Ensayo sobre el Reino de la Nueva España: “En las obras hidráulicas del valle de México no se ha mirado al agua sino como a un enemigo del que es menester defenderse”. Los esfuerzos por sacar el agua de la capital culminaron en 1900, cuando Porfirio Díaz inauguró solemnemente las obras de desagüe del valle de México. Con el tiempo desaparecerían los lagos de Xochimilco, Chalco, Texcoco y Zumpango. Pero a pesar de todos los trabajos, las inundaciones continuaron. Así, las autoridades decidieron dar una respuesta radical al problema del agua con el sistema del drenaje profundo, una red de alrededor de 150 kilómetros inaugurada en 1975 por el presidente Luis Echeverría. En este drenaje, hoy prolongado con la construcción del Túnel Emisor Oriente, la inmensa mayoría de las aguas que corren son blancas, que en vez de ser utilizadas acaban revueltas junto con las negras en el río Tula, sin poder ser absorbidas por los mantos freáticos, a causa de la plancha de concreto que cubre hoy el valle de México. Este es el saldo de nuestra guerra con el agua, absurda: un sistema (el Cutzamala) que debe bombear agua desde una altura de 1,600 metros sobre el nivel del mar, en su punto más bajo, hasta una altura de 2,702 metros sobre el nivel del mar, en su punto más alto, para abastecer a una ciudad que lleva cinco siglos luchando contra el exceso de agua que cae del cielo, desde los tiempos de Enrique Martínez.

ctello@milenio.com

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