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Viernes , 19.10.2018 / 01:31 Hoy

Carta de viaje

Bolsonaro, a la imagen de Trump

Carlos Tello Díaz

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La popularidad de Jair Bolsonaro ha subido día con día, como la espuma, sobre todo desde mediados de septiembre, cuando sucedieron dos cosas: él mismo fue acuchillado y Lula, entonces al frente de las encuestas, fue impedido de participar en la elección de Brasil. Hace apenas un par de semanas, Bolsonaro tenía una intención de voto de 27 por ciento, unos 6 puntos arriba de Fernando Haddad, el candidato del PT. Pero en vísperas de la elección había llegado a 35 por ciento (contra 22 por ciento de Haddad). Y este domingo, tras los comicios, obtuvo más de 46 por ciento de los votos (28 por ciento fue para Haddad). Estuvo a punto de ganar la elección en la primera ronda. No parece que deba hacer concesiones importantes para obtener la victoria en la segunda vuelta del 28 de octubre.

Cerca de 50 millones de brasileños votaron por Bolsonaro. ¿Quién es? Un hombre de 63 años, descendiente de migrantes italianos, que dejó la escuela para ingresar a la academia del Ejército, al que sirvió 17 años, el cual dejó con el grado de capitán y con la reputación de ser un hombre ambicioso y agresivo. Tras su paso como consejero por la alcaldía de Río de Janeiro, restaurada la democracia, Bolsonaro fue elegido en 1991 al Congreso de Brasil. Ha sido diputado desde entonces, siempre al margen, a pesar de haber sido sin cesar un provocador en busca de notoriedad, con exabruptos racistas, homófobos y machistas que han involucrado a sus propios hijos, a quienes dice que prefiere ver muertos que homosexuales. Es un defensor de la dictadura de su país, en el poder entre 1964 y 1985.

“Parte Donald Trump, parte Rodrigo Duterte”, escribió Jon Lee Anderson en un reportaje sobre Bolsonaro, publicado esta semana en The New Yorker. El retrato lo asemeja, sobre todo, a Trump. Como Trump, Bolsonaro es un hombre fuera del sistema, que llega a la mitad del foro en un momento de crisis y declive, y pérdida de confianza en el sistema de partidos y en las instituciones de Brasil. Como Trump, Bolsonaro grita vituperios todo el tiempo contra sus enemigos (a los que llama vagabundos, el equivalente de los losers del hombre de la Casa Blanca). Como Trump, Bolsonaro es enemigo de la conservación del medio ambiente y de la protección de los derechos de los pueblos indígenas (ha prometido sacar a Brasil del Acuerdo de París). Como Trump, Bolsonaro proclama su afinidad por los autócratas, como Pinochet y Fujimori… y el propio Trump. Como Trump, Bolsonaro está a favor de relajar las leyes que limitan la proliferación de armas de fuego (muchos de sus seguidores visten camisas negras con la silueta de un fusil de asalto). Como Trump, Bolsonaro ha insultado sin cesar a los emigrantes de Africa y Medio Oriente. Como Trump, que lo hace con Twitter, Bolsonaro ha aprendido a utilizar a su favor las redes sociales, en particular Facebook, donde tiene 7 millones de seguidores y hace uso sistemático de las noticias falsas en Brasil. Como Trump, Bolsonaro ha recibido el apoyo de los evangélicos (poderosos en Brasil) y de los empresarios (que hicieron sus cuentas tras ver declinar a sus candidatos más obvios entre los grupos de centro derecha, como el Partido de la Social Democracia Brasileña). Como Trump, en fin, Bolsonaro no es apto para ser presidente: es un personaje totalmente improvisado. Pero hay una diferencia fundamental entre los dos, que es ésta: Brasil no es Estados Unidos. Estados Unidos, mal que bien, es un país con instituciones fuertes, que contienen a Trump. Eso no ocurre en Brasil. Bolsonaro, si gana, tendrá todo el poder.

*Investigador de la UNAM (Cialc)

ctello@milenio.com

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