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Jueves , 25.04.2019 / 08:36 Hoy

La prueba del ácido

La cancha iguala a todos

Andrés Amieva

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Ya sea el pasto de un terreno de juego de futbol, la arcilla de una cancha de tenis, el agua de la piscina, la lona de un cuadrilátero de boxeo, la arena de una plaza de toros, el pavimento de una calle en un maratón o el diamante de un parque de beisbol, ahí todos son iguales.

Muchos son los ejemplos y muchos los audaces que se atrevieron a aparecer en el centro del universo en un evento deportivo y pagaron el precio.

Hubo quienes prefirieron no bajar y quedarse en el palco, hubo otros quienes decidieron ser el centro de todas las miradas. Cuestión de gustos, de valentía, de ingenuidad, de soberbia o, de plano, de ignorancia completa.

Pero lo cierto es que los foros deportivos atraen a muchos, incluidos a los políticos, y ahí la fanaticada es la que manda, es una regla.

Algunos le huyen a las tribunas, saben a lo que se exponen y no quieren enfrentarse a la calificación popular, la del “pueblo bueno”, “el público conocedor”, “el respetable”, “el monstruo de las mil cabezas”, a la barra brava, a la inocente porra, a “la plebe”, o la masa. Y menos en México.

Y pues ahí tenemos al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que se sintió cómodo con un respaldo de 30 millones de votos en las urnas, confiado en sus altos niveles de aprobación en las encuestas, respaldado por ser un reconocido aficionado al beisbol y decidido impulsor del Rey de los Deportes, bajando al diamante de la nueva casa de los Diablos Rojos del México.

Enfundado en una chamarra de los Pingos, bajó al diamante en compañía del dueño del equipo, el empresario Alfredo Harp Helú, de su hijo y otros funcionarios públicos y el público sabio hizo lo que sabe hacer en estos casos, le aplicó al Presidente su primera abucheada a tres meses de haber iniciado su sexenio.

No es el primer político abucheado en la historia, ya antes probaron la reprobación popular personajes como Gustavo Díaz Ordaz en los Juegos Olímpicos de 1968 y en el Mundial de 1970; Luis Echeverría en los Panamericanos de 1975, y Miguel de la Madrid en el Mundial de 1986.

Vaya, hasta a Cuauhtémoc Cárdenas, siendo jefe de gobierno del DF por el PRD, en una corrida en la Plaza México, cuando un matador le dedicó la muerte de un toro, no se salvó de que la porra de sol gritara lo que suelen gritar en un brindis: “¿Y ese buey quién es?”, que desató las risas en los tendidos.

Todos tienen en común que ninguno respondió a los abucheos, solo López Obrador lo hizo y aplicó su receta favorita.

Bueno, pues AMLO probó los abucheos amargos del respetable, pero no solo eso, se engalló y le respondió, “no voy a hablar mucho porque hay algunos de la porra del equipo fifí”, lo que provocó una nueva oleada de abucheos al ciudadano Presidente. Es su apuesta, polarizar.

Se acabó el periodo de miel sobre hojuelas. El que tenga oídos, que escuche.

andres.amieva@milenio.com

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