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Miércoles , 18.07.2018 / 09:33 Hoy

El TLCAN y el sector automotriz

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El futuro de la industria automovilística mexicana depende en buena medida de la renegociación en curso del TLCAN.

El principal objetivo de la administración de Donald Trump es trasladar a su país a las empresas que se han instalado en México, desde donde exportan sus productos a Estados Unidos libres de aranceles.

El gobierno estadunidense presiona para que se establezca una alta participación de las empresas estadunidenses en el contenido de la producción regional de automóviles (a costa de México y Canadá).

También exige elevar el actual 62.5 por ciento del contenido regional, uno de los más elevados en el mundo, a 85 por ciento (limitando aún más las partes provenientes de Asia y Europa).

Washington se queja de tener un déficit de 60 mil millones de dólares con México, del cual el sector de vehículos y autopartes representa la mayor parte.

Pero Trump no reconoce que a mayor índice de robotización en Detroit hay menor uso de mano de obra y tampoco quiere entender que General Motors, Ford y Chrysler invierten en México y Canadá para poder competir contra las marcas asiáticas y europeas.

El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, acaba de regresar de Washington y hasta ahora no ha presentado una contrapropuesta sobre las reglas de origen en el sector automotriz.

México no parece tener un plan B. Hay poca claridad sobre qué hacer, pero algunos empresarios mexicanos piensan que, para salir de la parálisis, nuestro país podría aceptar el incremento del contenido regional sugerido por Estados Unidos a cambio de que no se permita el aumento del contenido nacional estadunidense.

La ventaja sería que, al incrementarse el contenido regional, México podría mantener o subir su porcentaje de participación frente a Asia y Europa, pero no así si se fija un alto porcentaje para proteger a la industria de Estados Unidos.

Según expertos, el arribo de nuevas fábricas de Mazda y Toyota en Alabama y el traslado de parte de la producción de Fiat Chrysler de México al país vecino son muy preocupantes porque estos movimientos podrían ser interpretados como el principio del fin del TLCAN.

Ante esta ominosa perspectiva, México debe urgentemente diversificar nuestro comercio automotriz y promover un mercado interno fuerte.

Fortalecer el mercado interno no debería significar que haya más coches en las calles y avenidas, asfixiadas por los embotellamientos y la contaminación, sino renovar el viejo parque vehicular nacional que en promedio tiene más de 15 años de vida.

La renovación vehicular involucraría al sector privado y público para tener mayor seguridad vial, eficiencia energética, economía real, menor contaminación y no depender de Detroit (en declive) y buscar nuevas inversiones.

En este caso, la llegada a México de Corea del Sur con KIA y Hyundai es un ejemplo claro de diversificación de nuevas inversiones que permiten al consumidor mexicano tener más opciones para comprar coches.

Según la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), la peor crisis en ventas fue en 2008, cuando solo se vendieron unas 750 mil unidades. En cambio, en 2015, el mercado nacional reportó 1.3 millones de vehículos vendidos y en 2016 se estableció récord con 1.6 millones de unidades.

La AMDA ha logrado presionar para que baje año con año la internación y circulación de vehículos usados, gracias a la postura del Servicio de Administración Tributaria (SAT) de no permitir la regularización de vehículos ilegales.

La entrada a México de vehículos chatarra, que entre 2006 y 2008 sobrepasó la venta de unidades nuevas, ahora se estima que para 2018 solo será el equivalente a 8% de la venta de automotores de agencia.

Según la AMDA, en 2017 México produjo 3.7 millones de vehículos, un crecimiento de 8.9%, mientras que las exportaciones crecieron 12%, que generaron más de 10 mil millones de dólares, principal fuente de divisas del país, más que el petróleo, el turismo y las remesas.

El hecho es que la industria automotriz, pilar de la economía mexicana, está pasando momentos de incertidumbre por varios factores, pero sobre todo por la incertidumbre de las renegociaciones del TLCAN.

Posdata

El consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Herbert Raymond McMaster, grita “¡Al ladrón!” cuando lanza la piedra y esconde la mano. Afirmó: “Ustedes han visto señales (de injerencia rusa) en la campaña presidencial mexicana”.

En México no hemos visto ninguna intervención rusa. De ser así, ya habría sido denunciada por los partidos y por nuestro mismo gobierno. “El gobierno mexicano no tiene ninguna evidencia que valide esta hipótesis”, aclaró oportunamente el canciller Luis Videgaray.

Pero McMaster logró que en México algunos comentaristas repitan la mentira como si fuera verdad.

Quienes opinan con base en especulaciones me recuerdan a los perros de rancho: ladran cuando oyen a otros perros ladrar a la distancia, sin ver el motivo.

McMaster practica lo que supuestamente denuncia: desinforma y manipula para infundir temor en la elección presidencial de México. Y distraer la atención sobre la auténtica interferencia rusa en la campaña presidencial de su jefe, Donald Trump.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

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