Gotas de lucidez

Las ideas son, en el aforista, plantas de aire. Cápsulas de luz. En la sabiduría que contienen no hay ocurrencia, lo que se disipa en ellos es el argumento. La verdad adquiere forma de revelación.
 El aforismo es el instrumento perfecto para negar el tránsito: nombrar lo inmutable.
El aforismo es el instrumento perfecto para negar el tránsito: nombrar lo inmutable. (Adrián Pérez)

Ciudad de México

Reclamaba Fernando Savater a sus musas el no haberle concedido el don aforístico. Disfrutaba enormemente de las breverías pero reconocía su torpeza en el manejo de esos dardos. Para escribir aforismos, decía, hace falta fervor por la concisión, un “saber empaquetar con elegancia la lucidez”. Pero era necesario algo más: el poder contentarse con una sola perspectiva. Ahí es donde naufragaba el afán aforístico de Savater: el filósofo podría abreviar pero no sabría cómo sacrificar el argumento; el profesor lograba la miniatura pero no la simplificación que oculta el ángulo opuesto. En la captura de la esencia, no en la brevedad, está la esencia del aforismo.