La espera ha perdido sentido

México no tiene mañana. Su futuro fue desaparecido violentamente. Lo sepultaron en una fosa clandestina. Nos lo arrebataron los ladrones de vida, los mismos de siempre.
Al querer hablar sobre el México que vivimos, retorna el grito (¿o, más bien, deberíamos decir el suspiro?) de Kurtz: ¡El horror! ¡El horror!
Al querer hablar sobre el México que vivimos, retorna el grito (¿o, más bien, deberíamos decir el suspiro?) de Kurtz: ¡El horror! ¡El horror! (Gonzalo Tassier)

Ciudad de México

Hoy no sólo tenemos una deuda con nuestros antepasados, con el pasado incumplido. Tenemos un compromiso incuestionable con nuestros contemporáneos que fueron privados de la vida y también de la muerte, con aquellos que fueron desaparecidos. ¿Cómo cumplir nuestro deber cuando la generación vencida es nuestra propia generación? La ventaja de no tener futuro ni esperanza es que la espera ha perdido sentido. Cualquier reformismo parsimonioso resulta ya absurdo. No se puede aguardar más: para nosotros, la transformación debe suceder ahora. Para nosotros, no hay mañana.

Lee el texto completo aquí.