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Domingo , 21.04.2019 / 17:48 Hoy

La sublime misantropía

“El pico del loro, que éste se limpia, aunque esté limpio”. Resortes cubiertos de plumas. Una ruidosa máquina que repite movimientos sin activar reflexión alguna.
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Por Jesús Silva-Herzog Márquez

Ilustración: José María Martínez

Encuentra máquinas en el pájaro y en el resto de los animales; autómatas que gozan su inconsciencia. Repiten día a día los mismos movimientos sin curiosidad alguna, sin la menor angustia el sentido de su existencia o por su destino. La del loro y la de pez son vidas sin drama porque desconocen su miseria. El hombre es otra cosa. Se hace preguntas y por ello sufre. Su existencia nada de animal tiene y, si hay grandeza en él, es solamente porque es capaz de conocer la hondura de su desgracia. Tan frágiles somos que cualquier cosa puede terminar con nuestra vida. Una gota de agua, un vapor, el piquete de un mosquito pueden matarnos. Pero, a diferencia del mosquito, nosotros nos sabemos mortales. Nuestra dignidad radica solamente en la consciencia de nuestra miseria.

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