Ahora y mañana

El mundo que viene puede ser de dos tipos: el que se dé por inercia y el que se construya por decisión política.
El mundo que viene puede ser de dos tipos: el que se dé por inercia y el que se construya por decisión política.
El mundo que viene puede ser de dos tipos: el que se dé por inercia y el que se construya por decisión política. ( Víctor Solís)

Ciudad de México

Por mucho tiempo fue posible imaginar que la transición político-económica que hemos vivido conduciría a un nuevo nivel de civilización y desarrollo. No faltaban razones para pensarlo; aun cuando era evidente que no se estaban realizado los cambios y reformas requeridos para llegar a esa otra ribera del río, al inicio de los 90 el futuro parecía promisorio porque inaugurábamos nuevos tiempos en todos los ámbitos: la economía se recuperaba, las exportaciones crecían, surgía una clase media, las elecciones arrojaban un activo mosaico partidista, inconcebible hacía solo unos lustros antes. Por supuesto que había luces ámbar por todos lados, pero el país parecía avanzar en una nueva dirección que gozaba de un amplio reconocimiento social.

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