La crisis en el corazón

Mi familia es producto de lo que yo suelo llamar “el otro exilio”, esto es la huida de una provincia hundida en la miseria en un país completamente desangrado.
La única certeza que tengo ahora es que este año pueden y van a pasar cosas serias, importantes, graves.
La única certeza que tengo ahora es que este año pueden y van a pasar cosas serias, importantes, graves. ( Mariana Villanueva)

Ciudad de México

En mi casa la política siempre fue un tema de conversación escaso y pedestre. Nunca se discutían ideas sino impresiones, opiniones de quienes durante décadas trabajaron de sol a sol para construir un porvenir y que, en el empeño de lograrlo, valoraban su entorno inmediato —Iztapalapa, donde mi abuelo tuvo por años una granja de pollos; la Guerrero y el Centro, donde mi padre trabajó en panaderías, hoteles de paso y de pasaje— y de él extraían sus juicios sobre el estado del país, que siempre era —a pesar de que en mi hogar nunca faltó nada— bastante pesimista. Quizá sea cosa de gallegos. En ese entorno completamente apolítico, si hago el esfuerzo la palabra que más escuchaba cuando algún adulto hablaba de México era “crisis”.

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