Ciudad pus. Una crónica de Santa Martha Acatitla

Las de primer ingreso deben aprender a darse a respetar, encontrar su lugar dentro del penal. Unas crean camaraderías, otras acumulan venganzas. Nadie escoge con quién comparte estancia. 
Unas crean camaraderías, otras acumulan venganzas; nadie escoge con quién comparte estancia.
En medio es tierra frontera, desolada. Pasto quemado y algunas pocas flores amarillas. (Patricio Betteo para Nexos)

Ciudad de México

Elota duerme con otras que, como ella, cumplen sentencias largas. En su edificio la tiendita ofrece mejores productos. En otro edificio están las reincidentes y en uno más las madres con sus hijos. Hay dos literas y una cama por estancia, en otras más. Las bases son láminas y el colchón de hule espuma. Muchas duermen en el suelo. Despiertan con dolor de espalda y pasan el día fastidiadas. Entre las reincidentes se pelean más. Les gusta a puño pelón. Con poco que las calienten, hierven. Las deudas se cobran. Afilan los extremos de las barras y clavan la punta en una manzana podrida. Así cuando pican infectan la herida. Un custodio interrumpe la clase. Parece sombra, viste todo de negro. Conmigo aparenta ser amigable. Con ellas no. Exige que le respondan con “jefe”. 

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