Alimentación, pobreza y desigualdad de género: procesos en busca de interconexión

La división sexual del trabajo naturaliza el papel de las funciones alimentarias de la mujer, asignándole la tarea de obtener alimentos, transformarlos y disponerlos para el consumo familiar.
La desigualdad de género es un fenómeno que se concreta en prácticas e interacciones cotidianas.
La desigualdad de género es un fenómeno que se concreta en prácticas e interacciones cotidianas. ( Patricio Betteo, cortesía de Nexos)

Ciudad de México

Como proceso, la alimentación familiar distingue tareas diferentes para hombres y mujeres, si bien esta distinción puede cambiar de un contexto a otro. Típicamente, al hombre corresponde proveer de los recursos necesarios para alimentar, ya sea en especie o en dinero. A partir de ese momento el trabajo alimentario es predominantemente femenino. Incluye la adquisición de alimentos, su transformación para el consumo y la organización del acto alimentario familiar. La adjudicación de estas tareas a las mujeres, en particular a las madres, ha permanecido más o menos incuestionada a pesar de su creciente participación en el mercado de trabajo remunerado fuera del hogar.

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