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Viernes , 17.08.2018 / 21:24 Hoy

Mantén la calma y sigue

Más allá del rumor especulativo, ¿porqué se cayeron los mercados tan drásticamente? Aquí algunas aventuradas teorías.
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A pesar de lo fascinante que fueron los giros en los mercados accionarios en los últimos días, la única explicación es que hay poca explicación que dar más allá de un concurso de belleza de Keynes: el mercado cayó porque muchos inversionistas pensaron que iba a caer, y pensaron que iba caer porque pensaron que muchos inversionistas pensaban que iba a caer (y así sucesivamente).

Robin Wigglesworth, tiene una excelente explicación sobre cómo los pequeños cambios pudieron desencadenar ventas masivas por motivos, en gran medida, mecánicos. En este “Free Lunch” me voy a limitar a cuestionar una historia en particular sobre cómo el colapso del mercado fue una respuesta a las señales de un “cambio de régimen” en la economía de Estado Unidos (EU).

Una historia estándar es que la “aparición” del crecimiento salarial de EU en la última lectura mensual —donde los salarios aumentaron 2.9% año con año— muestra que cualquier capacidad excedente está prácticamente agotada, así que las tasas de interés tendrán que subir y esto hace que las acciones estén sobrevaloradas.

Ahora viene la corrección. Paul Krugman, después de advertir que la agitación del mercado bien podría no significar nada, sugiere que “EU se dirige a una reducción en la tasa de crecimiento”.

Andrew Ross Sorkin, por su parte, culpa de la caída del mercado a la creencia de los inversionistas de que las políticas de Donald Trump para “estimular el crecimiento funcionarán tan bien que van a sobrecalentar la economía y obligarán a la Reserva Federal (Fed) a tratar de desacelerar el crecimiento al elevar las tasas de interés más rápido de lo esperado”.

Los últimos datos salariales son una señal de una creciente presión inflacionaria. Pero al verse más de cerca no muestran tal cosa, en parte porque el crecimiento salarial de 2.9% está dentro de lo que la economía puede mantener sin inflación con un aumento decente de la productividad, en parte porque los empleos de cuello azul pasaron por un menor crecimiento salarial; en parte porque algunos grupos de trabajadores más marginados tuvieron un deterioro: la tasa de desempleo para los afroamericanos aumentó, al igual que las tasas de subempleo; en parte porque cayeron las horas y la participación de la fuerza laboral de jóvenes se estancó por debajo de los picos anteriores.

Además, hay pocas señales directas de que se intensificarán las expectativas de alzas en las tasas de interés. Otra suposición es que la economía realmente está cerca del empleo pleno. Pero algunos esfuerzos serios para medir la capacidad disponible en la economía de EU muestran que todavía podría haber un largo camino por recorrer para llegar a una recuperación cíclica normal. E, incluso, con empleo pleno, la historia del cambio de régimen supone que la productividad crecería a medida que aumenta la presión de la demanda.

El hecho de que la inversión corporativa finalmente comienza a recuperarse —justo lo que queremos para impulsar la recuperación— sugiere que esto es posible.

Entonces, todo depende del optimismo de sobre si la economía de EU (y la global) podría funcionar a tasas de crecimiento superiores a la tendencia durante algún tiempo, es decir, las buenas noticias para la economía significan buenas noticias para las ganancias corporativas, y ese no es motivo para vender acciones.

Mucho depende de cómo va a responder la economía de EU a los recortes fiscales de los republicanos. Esos cortes generan un estímulo fiscal significativo. La estimación de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) es que el déficit será en promedio más de 200,000 mdd anuales en los próximos cinco años, como resultado de la ley de impuestos.

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Como parte del Producto Interno Bruto (PIB), el déficit crecerá cada año consecutivo, de 3.5%, en el año fiscal 2018, (que en sí mismo es superior a la proyección de 2.7% que se presentó antes de los cambios fiscales republicanos) a 5.4% en el año fiscal 2022.

Es decir, un estímulo fiscal continuo y considerable de varios años, cuyo mayor impacto se produce en el año hasta septiembre de 2019 (cuando el déficit federal se va a expandir a 1.2% del PIB). El análisis de distribución de la CBO muestra que la mayor parte de esto terminará en los bolsillos de los que ya son los más acomodados. Eso va a silenciar el efecto sobre la demanda agregada.

Pero el estímulo aún es grande. Si el potencial actual de la economía, o su capacidad para expandir su potencial más rápidamente, son mayores de lo que se supone en el pensamiento convencional, entonces este estímulo en efecto elevará la tasa de crecimiento durante varios años. En lugar de un sobrecalentamiento, eso significaría una aceleración sostenida de los salarios y las utilidades, así como del empleo y la inversión.

En el horizonte de mucha inversión de capitales, no está del todo claro que una mala noticia, o incluso una buena noticia que significa una mala noticia, es la perspectiva más convincente.

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