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Sábado , 23.06.2018 / 18:18 Hoy

Los malos de la moda

En toda industria hay varios empleadores y colaboradores que abusan de sus pares, y muchos de ellos ya forman parte de una lista negra.
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Milenio Digital

En la mayoría de las industrias existe una “lista”, un catálogo anónimo, recopilado por una fuente anónima, donde se presentan detalles de los abusadores dentro de su industria.

En el caso de la industria de la moda hay muchas listas. Algunas son públicas. La lista de fotógrafos, editores y estilistas hombres que de forma habitual maltratan a modelos o subordinados crece a diario.

Hace poco el Boston Globe publicó una nueva oleada de acusaciones en contra de varias figuras importantes, entre ellas Patrick Demarchelier, fotógrafo personal de la princesa Diana.

También hay una lista de fotógrafos con los que la editorial Condé Nast no trabajará más; y una de pautas que comienza a elaborarse para proteger a jóvenes vulnerables a las manos largas.

Claro que también hay listas más silenciosas, menos oficiales. Intern 1 no name cuenta historias sobre la vida en el mundo de la moda bajo la cuenta de Instagram @fashionassistants.

Comenzó como una mirada ligera de la idiosincrasia de trabajar en la industria de la moda —los horarios de locura o las expectativas poco razonables de los estilistas— pero a la luz del movimiento #MeToo y Time’s Up, la cuenta evolucionó para incluir ejemplos más específicos de acoso.

Al invitar a compañeros asistentes a compartir de forma anónima sus historias, se convirtió en un catálogo de maltratos, tanto personales como generales, destacando la nefasta mezquindad de la industria.

Pocas de esas historias involucran al acoso sexual. Y pocas involucran a hombres. Los perpetradores suelen ser mujeres y el maltrato es verbal o físico. Hay estilistas que arrojan zapatos y ganchos de ropa en un berrinche. O que le prohíben al personal comer. Hay una mezquindad desagradable.

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La lista demuestra de manera deliberada que las mujeres con poder pueden ser igual de monstruosas que los hombres. Cuando explico lo que hago para ganarme la vida, la mayoría de la gente responde con dos preguntas: ¿Conociste a Anna Wintour? y ¿la moda es tan implacablemente horrible como se ve en El diablo se viste a la moda, un film de Lauren Weisberger sobre la vida en una revista?

Siempre rechazo la pregunta. ¡No seas tonto! La industria no sobreviviría si todos fuéramos tan catastróficamente malos e inútiles.

Por supuesto la gente no envía por capricho a su personal a encargos ridículos para conseguir artículos imposibles de obtener. Defiendo a la industria porque, en mi experiencia, el mundo de la moda está lleno de personas extremadamente trabajadoras que suelen amar lo que hacen. En general todo el mundo es amable, atento y competente al estilo de una girl scout. En serio.

Y luego viene una lista que expone a la industria de la moda precisamente como el pequeño círculo vengativo, egocéntrico y tóxico que de todos modos suponían. Qué autogol.

Tampoco me detengo en las partes más incómodas porque parece un poco hipócrita quejarse de las exigencias de una carrera por la que muchos otros matarían. Y sí, casi nunca ves a tus amigos porque tu agenda no te lo permite. Y tienes que programar la alarma antes del amanecer y empacar muchos zapatos para las sesiones fotográficas.

La verdad es que, al igual que muchas industrias creativas, la moda es un mundo competitivo y despiadado. Se basa en autopromoción, en ser agresivo y tener la piel gruesa. A menos que sea la ahijada de un editor de revistas o el heredero de un conglomerado de bienes de lujo, entrar en el negocio no será fácil.

Esto no es exclusivamente un problema de moda. En un reportaje que se publicó en The Atlantic en 2012 se especificó que 53% de los recién graduados de EU estaban desempleados o subempleados; y según un estudio de 2009, la gran mayoría de las prácticas no remuneradas las realizan mujeres jóvenes.

En una reciente ronda de entrevistas, mientras contrataba a un nuevo asistente, todos los candidatos con los que hablé hicieron prácticas durante meses, atrapados en un modo aleatorio en el que se tropezaban con una pila de títulos de revistas con pocas oportunidades para pasar al siguiente nivel. Muchos estaban resignados al hecho de que podrían trabajar durante años sin realmente recibir un sueldo. Y con los presupuestos cada vez más ajustados, las cosas parecen empeorar.

La lista de asistentes de moda tal vez no es tan sensacional como otras (aunque algunas de sus historias son sorprendentemente horribles). Algunas de ellas tal vez no sean verdad. Ni siquiera estoy segura de que su propósito sea tan constructivo. Pero como una idea de la precariedad del trabajo, y la falta de interés o cuidado que tiene la industria por sus jóvenes aprendices, es una lectura que lo pone a uno a pensar.Pocas personas en la moda les arrojan zapatos a sus asistentes, pero todavía nos portamos mal.

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