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Domingo , 22.07.2018 / 19:07 Hoy

Las economías del 2018

China, Estados Unidos, Reino Unido y la eurozona están en la mira del mapa económico mundial debido a sus enormes retos, pero también por las posibilidades que ofrecen para sus socios comerciales.

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Gabriel Wildau

China se enfrenta a una sobre­producción y debe eficientar a sus empresas estatales; por su parte, el gobierno de EU mue­ve sus estrategias internas con la reforma fiscal y está la gran expectativa respecto a la renegociación del Tratado de Libre Comerio de América del Norte (TLCAN). Para el Reino Unido su fu­turo económico desatarlo dependerá de su negociación con la eurozona y de sus nuevas relaciones con sus vecinos, en principio.

Por último, la Eurozona mantiene un buen com­portamiento y se espera más inversión y trabajo por parte de la iniciativa privada.


China

Políticas de estímulo retrasan las reformas

Después de un crecimiento económico ines­peradamente fuerte de 6.8% sobre una base año con año en los primeros nueve meses de 2017, la economía se dirige a su primera aceleración anual desde 2010.

Si bien una crisis es cada vez más improbable, Beijing abordó bien los desafíos de su economía a mediano y largo plazo, como la dependencia de la inversión financiada con deuda; el exceso de capacidad desenfrenada en la fabricación; y empresas estatales ineficientes.

Los economistas extranjeros instan a China a reducir la dependencia en la inversión y las expor­taciones y que aumente el consumo, a pesar de que se muestra consistentemente saludable, supe­rando al Producto Interno Bruto (PIB) general.

Si bien el gasto en servicios sociales como la salud y la educación ayudará, los economistas dicen que una aceleración significativa del crecimiento del consumo no es realista. En cam­bio, el “reequilibrio” es en gran medida una cuestión de desaceleración de la inversión para que la participación que tiene el consumo en el pastel económico pueda crecer aún más rápido.

Eso requiere reducir el estímulo centrado en la inversión y tolerar niveles más lentos de creci­miento del PIB, algo a lo que Beijing se muestra reacio. Los legisladores desataron un gran estí­mulo el año pasado para garantizar un fuerte crecimiento antes de la reunión del Partido Comunista de octubre.

El gasto fiscal fluye hacia la infraestructura, impulsando a la inversión en activos fijos al nivel más alto registrado en los primeros ocho meses de este año. El aumento ayudó a llenar el vacío que dejó una fuerte caída en la inversión privada, en la que la fabricación y la vivienda son los dos componentes más importantes.

[OBJECT]Los fabricantes no tienen mucho interés en invertir debido al exceso de capacidad de producción de materias primas como el acero, los metales no ferrosos, el cemento y el vidrio. En cuanto a la vivienda, a los responsables de las políticas les preocupa una burbuja inmobiliaria y toman medidas para restringir las hipotecas y las compras.

Existen razones para tener optimismo. Los factores demográficos, como la reducción de la fuerza laboral, permiten que la economía de China crezca con más lentitud sin un aumento correspondiente del desempleo. Eso es crucial para el Partido Comunista, que valora la es­tabilidad social sobre todas las cosas.


Estados Unidos

Las heridas autoinfligidas

Un gran impulso para la economía. Esa fue la descripción de Donald Trump sobre su plan fiscal en septiembre, cuando dio un discurso ante los fabricantes para abanderar las reformas que po­drían recortar 1.5 millones de millones de dólares.

La campaña del presidente de Estados Unidos (EU) para promover el crecimiento mediante el recorte de los impuestos corpo­rativos e individuales se produce cuando los republicanos se benefician de un panorama económico propicio.

Es posible que la reforma fiscal no rinda frutos antes del próximo año, y algunos temen que no ocurra. Si llega al escritorio del presidente para que firme la ley, es probable que tome la forma de un paquete de expansión del déficit. Esto le da­ría un impulso económico a corto plazo, pero podría perjudicar el crecimiento a largo plazo a medida que aumentan las deudas públicas.

“Los riesgos reales para la recuperación están en el frente político, existe la posibili­dad de heridas autoinfligidas”, dice Gregory Daco, economista jefe de Oxford Economics.

Se podría decir que las bases para la recupe­ración se colocaron entre los escombros del colapso financiero de la administración Obama, con bajas tasas de interés, una agresiva recapita­lización bancaria y un paquete fiscal con valor de más de 800,000 millones de dólares (mdd).

El crecimiento económico actual es de 3% anualizado. El desempleo es tan bajo como durante los años de George W. Bush, y los in­gresos medios entre 2015 y 2016 tuvieron el mayor salto ajustado a la inflación de dos años desde que comenzaron los registros modernos.


El mercado de valores está en su punto más alto; se mantiene arriba en parte por las expectativas de los recortes en las cuentas de impuestos a las corporaciones.

Si la administración abraza el proteccio­nismo, al abandonar el tratado del TLCAN o restringe el crecimiento de la fuerza la­boral al limitar aún más la inmigración, las dificultades económicas podrían multiplicarse.

La desregulación aún podría dar frutos, al igual que la prometida inversión en infraestructura.

Sumándose a esta perspectiva difusa se encuentran los asuntos sobre la política mone­taria. El retiro ultra cauteloso de la presidenta saliente de la Reserva Federal, Janet Yellen, sobre la política monetaria hizo poco para endurecer las condiciones financieras.

[OBJECT]La pregunta ahora no es solo cuál va a ser la dirección que tomará el nuevo presi­dente del banco central, Jay Powell. Trump podría nombrar hasta cuatro nuevos gober­nadores en la junta de la Reserva Federal. Si como resultado la política se inclina ha­cia una línea dura, esto podría sacudir a los mercados de todo el mundo.


Reino Unidos

La gran prueba del Brexit comienza

El voto del Reino Unido por salir de la Unión Europea, realizado en junio de 2016, comenzó un experimento: lo que le sucede a una economía cuando se vuelve menos globali­zada y desenreda una estrecha integración con sus vecinos.

Hasta el momento, se presentan dos grandes efectos: una fuerte pérdida del valor de la libra en su paridad con el dólar y el euro, y la incertidumbre sobre los futuros acuerdos comerciales.

La caída en la libra impulsó el turismo y las utilidades de los exportadores. Pero, al comenzar 2017, la caída de la moneda llevó a tener precios más altos en las tiendas.

Si bien los movimientos en los mercados mundiales de materias primas ayudaron a elevar la inflación, los incrementos de pre­cios en el Reino Unido superaron a los de otras economías principales. En septiem­bre de 2017, los precios subieron 3% duran­te el año pasado en comparación con 1.5% en la zona euro.

Pero si bien la tasa de desempleo del Reino Unido se mantiene a la baja, el crecimiento sala­rial se estancó en alrededor de 2% al año. El crecimiento económico del Reino Unido depende de cómo sigan las negociaciones del Brexit con la Unión Europea.

El Banco de Inglaterra cree que la infla­ción alcanzá su punto máximo a finales de 2017, lo que marca el fin del efecto de la pérdida de valor de la libra sobre los precios al consumidor.



Eurozona

De la agitación a la recuperación

La señal de qué tan lejos ha llegado la recupera­ción de la zona euro, es la reacción de los inver­sionistas a la decisión de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) en octubre, cuando se delinearon los planes para 2018.

El banco central dijo que reduciría a la mitad el tamaño de su apoyo a los mercados de bonos de la eurozona, con la compra de casi 3.6 mil mi­llones de dólares al mes, en su mayoría de deuda de gobierno, a partir de enero, en lugar de 7.2 mil millones de dólares y no hubo un caos. En su lugar, las acciones subieron y cayó el costo del endeudamiento para algunos de los gobiernos.

Que en la actualidad el BCE dé grandes pasos para retirarle a los mercados este apoyo —la expansión cuantitativa— sin provocar un tras­torno, es una señal de los avances que ha logrado la región. Desde la agitación de la unión mone­taria en 2012, la eurozona se convirtió en la historia de éxito económico sorpresa de 2017.

La producción está en aumento y ya se crea­ron más de seis millones de trabajos. Si bien los asalariados aún no logran ver un aumento en los sueldos y la inflación se mantiene débil, la amenaza de una serie de caídas de precios y de un debilitamiento de la demanda se terminó. Las empresas comienzan a invertir.

Las partes más débiles de la región, como Francia e Italia, durante el último año, comen­zaron a tener un aumento en el crecimiento. El programa de expansión cuantitativa, bajo el cual el BCE hasta el momento compró activos por aproximadamente 2.4 millones de millones de dólares, ayudó a suavizar las condiciones crediticias en la región. El petróleo barato y las condiciones fiscales relativamente benignas también ayudaron.

Las señales indican que la recuperación continúa. Antes del anuncio del BCE, una influ­yente encuesta a gerentes de compras sugirió que las empresas seguirían contratando para hacer frente a más pedidos nuevos.

Sin embargo, sería prematuro decir que la economía está fuera de peligro. Las amenazas más evidentes provienen del panorama políti­co, en Cataluña y en Italia, donde las próximas elecciones parecen que van a envalentonar el apoyo a los partidos que están en contra del de la clase dirigente.

Por esto, la política monetaria del BCE se man­tendrá excepcionalmente flexible por el momento. Se reserva el derecho de aumentar la expansión cuantitativa en caso de que la inflación no logre recuperarse. Las tasas de interés en la eurozona probablemente se mantendrán en mínimos his­tóricos para 2018. La tasa principal de referencia de refinanciamiento del BCE es cero y sigue con la imposición de una tasa negativa de menos 0.4% en los depósitos de los bancos privados.




























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