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Martes , 17.07.2018 / 00:47 Hoy

Vargas Llosa: Todo tiene precio, menos la lectura

El Premio Nobel habla del amor, de la escritura, de las elecciones en América Latina y hasta de Donald Trump.
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John Paul Rathbone

Justo antes del plato principal, Mario Vargas Llosa sugiere cambiar de tema. Si bien el sol brilla sobre el mantel blanco, nuestra conversación dio un giro oscuro. Discutimos el tuit de Donald Trump que promulgó la militarización de la frontera mexicana, y le pregunto al novelista y ganador del Premio Nobel si el presidente de Estados Unidos (EU) le recuerda a los populistas y demagogos latinoamericanos sobre los que ha escrito.

“Trump es tan del tercer mundo. ¿Quién hubiera pensado que EU sucumbiría a ese tipo de demagogia?”, dice. “¿Podemos hablar de cosas más alegres? Es importante ser optimista”.

La edad suavizó el humor de Vargas Llosa. A los 82 años, se le conoce por la extraordinaria calidad de su prosa, su versatilidad como escritor y su compromiso político. Ha luchado por la democracia, el libre mercado y la libertad personal, incluso se postuló como candidato a la presidencia de Perú en 1990, perdiendo contra el subsecuente dictador y violador de los derechos humanos Alberto Fujimori, su antítesis. Sin embargo, el intelectual tiene fama de arrogante.

Entro a Julián de Tolosa, un restaurante de la vieja escuela, y él está sentado en un rincón. Alerta y con la espalda recta. Se ve alegre. ¿Es amor? Hace tres años, dejó a su esposa por Isabel Preysler, una socialité de Filipinas, cuyo primer marido fue Julio Iglesias.

El restaurante está cerca a su antiguo apartamento, una biblioteca desde que se mudó con Preysler a una mansión en las afueras de Madrid. Pedimos sopa de alubias y chuletón.

Vargas Llosa es reconocido por su disciplina como escritor, y todavía es prolífico. Una colección de ensayos sobre pensamiento clásico liberal, La llamada de la tribu, salió en marzo.

Es emotivo pasar tiempo con el último sobreviviente del boom latinoamericano y autor de más de 50 libros. Vargas Llosa abarca desde los cómics hasta novelas eróticas, como La tía Julia y el escribidor (1977). La fiesta del chivo (2000), quizá su libro más famoso, explora la crueldad y corrupción bajo una dictadura.

“Una democracia corrupta es mejor
                            que una dictadura no corrupta, deja un legado de veneno”.

Es un tema recurrente en sus escritos. Su causa: la aparición, cuando tenía 10 años, de un padre que le habían dicho que estaba muerto. Ernesto era un macho que golpeaba a su esposa y a su hijo. Escribir se convirtió en una forma de confrontar las realidades que vive América Latina y exorcizar su angustia personal, al parecer, con éxito. 

“Tal vez EU cayó en la demagogia, pero América Latina (AL) disfrutas de una ola democrática”, dice con satisfacción. “Fuera de Cuba y Venezuela, todos practican la democracia, defectuosa e imperfecta, pero al final de cuentas es democracia. Es un gran avance”.

Aun así, la región latinoaméricana enfrenta un maratón de elecciones presidenciales y los ánimos son intensos. Vargas Llosa es optimista respecto de Brasil, a pesar de la investigación disruptiva de Lava Jato.

¿Venezuela? “Es trágico. Lo único positivo de Venezuela es que le muestra al resto de la región hacia dónde no dirigirse”. Argentina es una señal del cambio esperanzador. Pero, ¿y su natal Perú, donde Pedro Pablo Kuczynski renunció a la presidencia en medio de acusaciones de corrupción? “Fue triste, aún así, la democracia peruana sigue viva. El vicepresidente asumió el cargo legítimamente. Una democracia corrupta es mejor que una dictadura no corrupta, deja un legado de veneno”.

El tema de la violencia alimentada por las drogas y la mejor forma de enfrentarla nos lleva a México. Andrés Manuel López Obrador se considera a sí mismo un patriarca del tipo que Vargas Llosa odia, pero es el puntero en las encuestas. Al Partido Revolucionario Institucional (PRI), Vargas Llosa lo ha descrito como “la dictadura perfecta”. ¿Por quién votaría?

“La terrible violencia y corrupción de México se deben a las persistentes toxinas del PRI”, dice. “Pero, tapándome la nariz, creo que votaría por su candidato. López Obrador representa un terrible retroceso”. Se da una palmada en la frente. “No puedo creer que dije eso. Yo, ¡eligiendo al PRI! Por supuesto, también hay una tercera opción, Ricardo Anaya. Es joven e inteligente”.

“El amor siempre viene con pruebas.
                      De lo contrario, no es amor. Las pruebas lo hacen más fuerte”.

La conversación continúa hacia Trump; Vargas Llosa sugiere que cambiemos de tema y llega el chuletón. Está delicioso.

Hugh Thomas, el hispanista, me dijo que Vargas Llosa era “el más encantador” de la generación boom de escritores latinoamericanos. Le pregunto sobre el erotismo en su escritura. “Ya sabes cómo es AL. El erotismo es inevitable hasta caminando por la calle”.

Pedimos arroz con leche. “Es un postre tan bueno”, dice, y rocía canela encima. Hago la pregunta final.

Comprendo la fuerza de un amour fou, pero, ¿cómo vivir con los paparazzi y las revistas del corazón que odia y ahora son parte de su vida? “Bueno, si entiendes el amour fou, entonces lo has experimentado y lo sabes”, bromea. “El amor siempre viene con pruebas. De lo contrario, no es amor. Las pruebas lo hacen más fuerte. Estas ayudan a forjar el amor puro y sincero. Pero el amor siempre tiene un precio. Todo en esta vida tiene un precio”.

“¿Incluso la literatura?”, pregunto. “No. La literatura, especialmente la lectura, solo me ha dado satisfacción”.

Me dice que está comenzando una nueva novela. “Escribir es lo que hago. Es mi vida”, dice. “Estar vivo, pero muerto es la peor cosa posible, aunque sucede a muchos”. Vargas Llosa luego inclina la cabeza hacia la mesa en un gesto de gracia y humanidad. “De hecho, espero morir escribiendo”.



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