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Domingo , 22.07.2018 / 17:16 Hoy

Cielos llenos de taxis en 2023, el sueño de Uber

La firma presenta su plan de lanzar un servicio de transporte aéreo de corta distancia, incluidos los skyports desde donde despegarán.
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Milenio Digital

Uber trabaja duro para convencer al sector aeroespacial de que su plan de lanzar un servicio de taxis voladores en 2023 es algo más que solo un pensamiento abstracto.

En su conferencia Uber Elevate, en Los Ángeles, esta semana, la compañía estableció un plan detallado para llenar los cielos con miles de aeronaves eléctricas de corta distancia y anunció su alianza con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) para crear un prototipo de un sistema de control de tráfico aéreo urbano.

Uber presentó un análisis sobre como un enorme aumento en la fabricación de aeronaves, a una escala que no se ve desde la Segunda Guerra Mundial, ayudaría a reducir los costos de los viajes por aire al trabajo para quedar al mismo precio del servicio de automóviles compartidos en tierra.

La firma también reveló sus propias especificaciones para lo que considera es el vehículo ideal para recorridos cortos entre los suburbios y los centros de las ciudades, al igual que detalladas representaciones arquitectónicas para los skyports desde los cuales se lanzarían.

El bombardeo de datos, demostraciones y anuncios se diseñó para crear un impulso detrás del agresivo calendario de Uber para comenzar a realizar pruebas del servicio de “aviación sobre demanda” en solo dos años.

“Para que esto suceda tenemos que hacer algo que básicamente no tiene precedentes: una red de vehículos aéreos en tiempo real que operan en conjunto a gran escala”, dijo Eric Allison, quien recientemente se unió a Uber como jefe de programas de aviación, procedente de Kitty Hawk, una startup de taxis aéreos con el respaldo del cofundador de Google, Larry Page.

Algunos escépticos aún creen que Uber Elevate es poco más que una estrategia de mercadotecnia, algo que puede utilizar para aumentar su valoración cuando se presente el argumento de ventas a los inversores sobre una eventual salida a bolsa o para ser una distracción de la serie de desastres que ocurrieron en la compañía en los últimos 18 meses. Elon Musk, el fundador de Tesla y SpaceX, es uno de los que se muestran escépticos de que los autos voladores puedan despegar.

Dara Khosrowshahi, a quien nombraron como director ejecutivo de Uber en agosto, admitió que le tomó un “par de sesiones y una gran cantidad de revisiones” para quedar convencido de que esto podría convertirse en realidad. “Hay muchas cosas que se tienen que integrar”, dijo el miércoles.

Pero Khosrowshahi está convencido de que los problemas urbanos, como los congestionamientos y la contaminación, solo pueden resolverse recurriendo a los cielos, ya sea para entregar hamburguesas a través de drones o viajes al trabajo en un taxi aéreo de cuatro plazas. “Debemos resolver este problema de transporte en más de dos dimensiones”, dijo. “Necesitamos esta tercera dimensión”.

La empresa de tecnología con sede en San Francisco reclama el crédito por impulsar el aumento de la inversión en el mercado de los taxis aéreos desde que realizó su primer evento Elevate hace un año. “Estamos en esto a largo plazo”, dijo Khosrowshahi.

Se invierten cientos de millones de dólares en startups que esperan construir nuevos tipos de aviones pequeños que transporten pasajeros. Ya surgieron decenas de nuevas empresas en los últimos meses buscando varios enfoques de la tecnología “eléctrica, despegue y aterrizaje vertical” (Evtol).

“No hay nada más emblemático para representar el futuro que los autos voladores”, dijo Peter Diamandis, el empresario e inversor de Silicon Valley responsable del X Prize y Singularity University. “El chiste siempre fue, ¿dónde está mi auto volador? Bueno, adivina, finalmente está aquí”.

Sin embargo, a la lista de socios de Elevate, de Uber, le faltan varios actores claves, desde gigantes del sector aeroespacial como Boeing y Airbus hasta algunas de las startups más conocidas y mejor financiadas en este incipiente mercado, entre las que se encuentran las europeas Lilium y Volocopter, Kitty Hawk, Terrafugia y Joby Aviation.

Esas startups todavía no están seguras de que si Uber terminará siendo un aliado, un rival o simplemente puras palabras huecas. “Me emociona que un gran socio como Uber esté en este espacio”, dijo Maryanna Saenko, inversora de DFJ, una compañía de capital de riesgo de Silicon Valley que antes respaldó a Tesla y SpaceX. “Es genial crear interés y emoción. Y algo mejor aún, es ejecutarlo”.

Incluso si la tecnología demuestra estar lista, muchas cosas más se mantienen en la incertidumbre, desde los modelos de negocios y las regulaciones hasta si los citadinos tolerarán un enjambre de nuevos aviones en sus cielos.

No obstante, existe un consenso cada vez mayor de que estos vehículos se van a utilizar como un servicio de taxi, compartidos entre muchas personas, en lugar de ser la propiedad y que los utilicen unos cuantos ricos, como pasa con los helicópteros o los jets privados.

Ese modelo de viaje compartido, integrado con otro transporte terrestre para transportar pasajeros a su skyport más cercano, presenta una gran oportunidad para Uber.

La empresa se imagina a sí misma como un operador de control de tráfico aéreo, administrando una flota de vehículos y llevando clientes a través de sus aplicaciones actuales para automóviles, mientras que al mismo tiempo confía en que los fabricantes asuman los costos de fabricación y mantenimiento de la aeronave.

Con información de Tim Bradshaw.

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