Alma para emprender

En 2014 un grupo de artesanas de la comunidad de Teabo, Yucatán, alentadas por su pasión al bordado, dieron alma a sus manos y alas a sus sueños, al emprender el COLECTIVO ANTALIKA’A.  
Paulina Chamo y Mildre Ramírez/Colectivo Antalika’a
Paulina Chamo y Mildre Ramírez/Colectivo Antalika’a

Ciudad de México

A través de su laboratorio de incubación y aceleración, la Universidad Tecnológica Metropolitana apoyó el proyecto, que además recibió fondos de la Fundación Kellog’s por su valor de tradición e innovación.

Paulina Chamo y Mildre Ramírez forman parte del colectivo y el año pasado, volaron por primera vez en avión para asistir a la semana del emprendedor  y compartir su historia llena de pasión, trabajo y esperanza. El punto de partida es la “cruz”  bordada en las bellas y originales prendas de diseños exclusivos y novedosos.

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“Tenemos tres años trabajando con la Universidad Tecnológica”. Ellos llegaron al municipio, pegando carteles para invitar a la gente que tenía un negocio o deseaba  emprenderlo, a capacitarse y conocer todo lo que implica tenerlo. Mildre y Paulina, junto con otras mujeres, empezaron a tomar los talleres.

Ahí empezó gestarse la idea del colectivo ANTALIKA’A, el cual inició con un grupo de 22 mujeres de todas las edades.

Sin embargo “la mitad abandonó el barco antes de zarpar”, afirma Mildre y añade que se debió a que la mayoría de las bordadoras de Teabo están acostumbradas a “costurar” y que se les pague de inmediato. Pero emprender un negocio no es así, ella sabe que el proceso es lento, que “tarda pero llega y todo esfuerzo tiene su recompensa”.

Tanto a Paulina como a Mildre y las otras nueve integrantes, la costura y el bordado es algo que traen en la sangre. Aprendieron de sus madres o abuelas, o por sí mimas, y desde niñas lo practican.

¿Cómo trabajan 11 mujeres en armonía? Repartiendo el trabajo. Por ejemplo, Paulina se encarga de comprar los materiales, Mildre de administrar y de las relaciones públicas. Otras se encargan de checar la calidad. Eso sí, todas bordan.

Mildre y Paulina confían en que el COLECTIVO ANTALIKA’A prospere y, así, puedan alcanzar un mejor nivel de vida que, por ahora, no lo tienen todas las integrantes.


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