Destilados que rescatan tradiciones

El Cantor de Barro es una distribuidora de destilados nacionales que rescata las tradiciones y dignifica las producciones pequeñas y socialmente responsables. 
Gustavo Peña Verplancken/El Cantor de Barro
Gustavo Peña Verplancken/El Cantor de Barro

Ciudad de México

En los genes de Gustavo Peña siempre ha existido el gusto por el buen beber; su herencia belga-mexicana le ha enseñado las bondades y el arte de la fermentación desde que era niño.

Impulsado por la curiosidad, Gustavo creó en 2010 su propia vinícola bajo el nombre de Totol, un proyecto que inició con su familia y su esposa Marisol Medrano.

“Cuando rompí el misterio de producir vino empecé a hacer cerveza en el patio de mi casa, era algo muy personal que poco a poco fue creciendo y terminó siendo parte de Totol”, cuenta.

Luego de siete años con la marca, Gustavo inició un proyecto para rescatar la historia de la fermentación y el destilado nacional con la distribuidora El Cantor de Barro, la cual arrancó en Baja California por el auge de la zona vinícola del Valle de Guadalupe y el movimiento gastronómico que puso a la zona en el ojo de los turistas sibaritas de México y el mundo.

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“Hay un renacimiento de los destilados tradicionales. Las generaciones nuevas han rescatado bebidas como el pulque que fue muy marginado en algún momento y ahorita es muy popular”, explica.

Su objetivo es difundir las propuestas de producciones pequeñas y socialmente responsables. La distribuidora debe su nombre al deseo que tenía Gustavo cuando era niño de convertirse en un cantante de mariachi y al simbolismo del barro en la cultura como un elemento humano y manual de construcción.

“No prometemos grandes volúmenes, nuestro enfoque es una representación honesta de los productos y un posicionamiento de las marcas que nos deje crecer de manera sustentable”.

Además de distribuir Totol, su portafolio incluye vinos importados y destilados nacionales de distintas zonas del país como los mezcales Legendario Domingo, de Michoacán y Guerrero; Macurichos y Barro de Cobre de Oaxaca; el pox de Chiapas, Siglo Cero; el Sotol Coyote de Chihuahua, ron hecho en Uruapan y el licor bacanora de Sonora.

“Para mí es primordial que la gente que está involucrada en hacer destilados gane lo justo y pueda tener una vida digna”.

Las marcas que distribuye El Cantor están disponibles en puntos de venta que siguen la misma filosofía de sus productos y aprecian las propuestas mexicanas. Son “lugares únicos para productos únicos” ubicados en restaurantes y bares de Ensenada, Tijuana y el Valle de Guadalupe.

Si bien el proyecto aún es muy joven, Gustavo afirma que ha visto un surgimiento de propuestas enfocadas en la buena coctelería y un gran interés por los destilados no comerciales, además de una respuesta positiva de la población local y del sur de California.

“Todo tiene que nacer por la pasión honesta de consumir un producto o una bebida. Si tú no eres tu mejor cliente, no funcionará”, aconseja el emprendedor.

REPL