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Miércoles , 18.07.2018 / 09:22 Hoy

A 2 km de Tijuana está el mayor centro de mota legal

Se trata de un dispensario al que acuden consumidores lúdicos o con permiso médico, en su mayoría latinos, mayores de 21 años, quienes están dispuestos a pagar casi 17 dólares por un cigarro.

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Milenio Digital

El dispensario de mariguana más grande en San Diego, California, también es el centro de venta legal más cercano a México.

Se ubica en el bulevar San Ysidro, número 658, a menos de dos kilómetros de la garita de El Chaparral, uno de los accesos para cruzar de Tijuana a California. Desde ahí se puede llegar caminando en 20 minutos o tomando un camión que pasa a unos metros del local.

Antes de la legalización lúdica de la mota, este dispensario vendía alrededor de 8 mil dólares, es decir, unos 152 mil pesos, al día. Ahora prevén que sus ventas suban a 15 mil dólares, alrededor de 285 mil pesos. El negocio fue abierto el 4 de noviembre de 2015 y por el permiso local pagaron 250 mil dólares.

Está ubicado en un pequeño centro comercial, donde se puede ver una casa de cambio, una tienda de ropa barata a mayoreo y menudeo (donde llaman la atención los anuncios que promueven las cobijas de borrego) y enseguida un anuncio enorme en el que se lee: Southwest Patient Group. Ahí está nuestro objetivo.

Es el primer fin de semana de ventas después de que en California legalizó el uso lúdico de la mariguana a partir del 1 de enero de 2018. Ya desde 1996 la utilización con fines médicos estaba permitida.

Actualmente son seis estados que permiten ambos usos de la mota: Alaska, California, Colorado, Washington, Nevada y Oregon.

Según un reporte de New Frontier Data, el mercado legal de cannabis en EU tuvo un valor estimado de 6.6 billones de dólares (125 mil 400 millones de pesos) en 2016, que es poco más del presupuesto asignado a la Secretaría de Salud en México. Las ventas anuales proyectadas estiman llegar a más de 24.1 billones de dólares (457 mil 900 millones de pesos) para 2025.

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Todo está muy callado, en orden, parece cualquier centro comercial, pero al entrar al dispensario comienza a percibirse un leve olor a mariguana. En la entrada, guardias vigilan el acceso (la seguridad privada es uno de los requisitos de la nueva legislación). Estos hombres clasifican a los visitantes entre consumidores lúdicos o pacientes medicinales. Después, se pasa por un arco detector de metales para llegar a una puerta de vidrio donde se lee: full transparency.

Y sí, aparenta ser un lugar con transparencia total, nada del sentimiento de inseguridad que provoca la clandestinidad. Es un lugar luminoso, espacioso, donde los empleados usan como uniforme una camiseta de color naranja intenso. El local se divide en zonas: la de ventas y un centro científico del cannabis.

Hay microscopios conectados a monitores para observar los diferentes tipos de flores de mariguana, material lúdico con la formación del tetracannabinol (THC), un bar de hachís, un foro donde se dan talleres sobre la siembra de mota y pláticas sobre las nuevas normas aprobadas con la Proposición 64, que permite a los mayores de 21 años poseer, transportar y comprar 28.5 gramos (1 onza) de mariguana recreativa.

Las personas que fumen mariguana en público se enfrentan a multas de hasta 100 dólares, casi 2 mil pesos. Y quienes lo hagan donde está prohibido humear hasta tabaco, como de una escuela, deberán pagar hasta 250 dólares, casi 4 mil 800 pesos.

“Bienvenidos a Southwest Patient Group, el dispensario más grande en San Diego”, nos recibe Jay Araiza, gerente del lugar, un joven nacido en EU pero con raíces mexicanas.

“Estamos en la frontera más ocupada de EU y esperamos que haya más gente y también turismo. La mayoría de los que vienen a nuestra tienda son latinos, pero hay gente de todos aspectos”, dice.

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Alberto Castro tiene 21 años, nació en EU, vive en Tijuana y trabaja como cocinero en un restaurante de San Diego. “Yo hice 10 minutos de mi casa a la línea, tres minutos de la línea aquí... menos porque vengo en bicicleta, y ahorita me voy a regresar”, comenta.

Alberto consume el enervante desde hace tres años y sabe de la industria de venta en ambos lados de la frontera.

—¿Cuánto dinero pagarías por el equivalente a una onza (28 gramos) en Tijuana?

—Me lo han querido vender en 300 pesos, que son 18 dólares, y es lo que te cuesta un gramo aquí. Ese cannabis que viene a Tijuana es droga que no cruzó y te lo venden ya todo empaquetado, seco, maltratado.

Alberto prefiere comprar calidad que cantidad, por eso cruza la frontera para ir al dispensario.

—Mínimo aquí uno está más seguro —afirma.

Esa mañana pagó por un cigarro 16 dólares con 97 centavos, es decir, 326 pesos, incluido un impuesto de un dólar y 97 centavos, casi 38 pesos.

Joshua es otro de los consumidores que compran en el dispensario. Él, a diferencia de Alberto, cuenta con un permiso médico para comprar mariguana por el que pagó 60 dólares, mil 140 pesos, por dos años. Los permisos medicinales son muy fáciles de obtener: se puede adquirir a través de una cita médica vía internet o al asistir con alguno de los doctores certificados por el estado.

El joven tiene 18 años, sufre de ansiedad y para combatirla asiste tres veces a la semana a comprar mariguana. Para ello destina un presupuesto mensual de alrededor de 4 mil pesos.

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“El mercado californiano ya probablemente no sea muy atractivo para los cárteles de droga de mariguana, específicamente de México. ¿Por qué? Porque vengo a la tienda y la compro, está mejor aquí. Los nutrientes que se le da, ya sean orgánicos o químicos, van a ser de mejor calidad que los que se utilizan en la sierra”, sostiene Antonio Ley, un activista que impulsa la legalización en ambos lados de la frontera.

Por lo pronto, aún sin legalización, el negocio de mariguana californiana se ha extendido hasta Ciudad de México. Según un dealer, desde hace un año se comenzó a ver en la capital.

“El producto que es californiano es más caro aquí por la importación ilegal. Nunca hubieras esperado que tú siendo el intermediario o el productor... bueno pues que tu país termine importando un producto. Nos dieron la vuelta y ahora nos están vendiendo”, afirma.

En San Diego se preparan para expandir sus negocios. “Ya estamos en un boom. Por el momento nada más estamos mirando qué es lo que debemos hacer para crecer. Para empezar necesitamos más empleados, vamos a necesitar más productos”, dice riendo Jay Araiza.

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